Reseña: Los recuerdos de una planta rodadora

 

Estepicursor

Marcelo Vera

La Pollera, 2022, 99 páginas

Pintura portada: La oscuridad en lo árboles que no se ven de Paz Bardi.

Por Sebastián Novajas

 

La narradora es una aparición sin serla. Entre espacios cenagosos como el banco, el coworking, y el departamento de la amiga. No son los únicos lugares, pero por algún lado se debe comenzar. Es la derrota encarnada, la pérdida de todo lo material que se convierte en una extensión del cuerpo en nuestra sociedad tan occidental para unas cosas y para otras tan pedestre. La narradora es una voz cargada de pesimismo y pesadumbre.

Lo único que la salva del acabose total es una pequeña bola de pelos que ronronea.

El ex es un ser fantasmagórico evocado por la narradora para echar a andar su rumiante cabeza cada vez que busca la razón de su fracaso y de la vida que lleva ahora, que carga ahora. A ratos parece que intenta evocar el resentimiento, pero al final acaba en una resignación a medio masticar. Al parecer no es capaz de odiarlo con todas las de la ley.

La fotografía, el alcohol y un pato también ayudan a no ser tragada por el desasosiego.

Aquí no sobra nada. Hay una economía de recursos excepcional. La verdad es que la narradora con esa voz agotada a la cual se la podría imaginar con un par ojeras muy marcadas y permanentes; le da a la historia un movimiento lento y ajustado. El tono se vuelve preciso con la ayuda de la evocación de ese ‹‹Ex›› que inició todas las desgracias y que su repetición en ningún caso se convierte en hastío.

¿Acaso un tipo parecido a Johnny Knoxville tendrá algo que decir o hacer en su vida?

Referencias musicales, referencias televisivas y no faltaba más: las del cine también, pero nada sabe a forzado cuando la narradora las menciona para darle textura a su desgano de vivir.

Aparecen unos padres que no saben lo que quieren. Son como una hoja al viento.

Algunos casos de esas evocaciones recurrentes sobre el ex: ‹‹Los restos de una vieja casa demolida como único escenario posible para las distantes fotografías de mi ex y mis lastimeros textos›› (p.29). O ‹‹Lo primero que supe al despertarme fue que exactamente un año atrás había viajado junto a mi ex a una despoblada isla en el delta para festejar su cumpleaños›› (p.80). Un derrotero sin final cercano.

Una amiga más ausente que presente. ¿Otra aparición?

La historia oscila entre los recuerdos y nuevos eventos que hacen que la narradora siga rodando ya sin voluntad, ya sin un objetivo claro que asentarse en una confortabilidad sobre la leche derramada. Como toda una planta rodadora.

 

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