Entre lenguas: Poemas de Adélia Josefina de Castro Fonseca

 

 

MIS DESEOS

Yo quisiera decirte, mi ángel,

Cuanto eres adorado por mi alma

Yo quisiera mostrarte que traigo

Tu imagen grabada en el pecho.

 

Yo quisiera, que la sabia naturaleza

Sus primores para ti reservarse;

Yo quisiera, que Dios dé bondades

De mil consejos tuyos días coronases.

 

Yo quisiera, de todo el universo

Sobre el trono mejor te sentaras;

Yo, en fin, desearía ser hombre

Y poético amor te ofrece.

 

Solo en ti, embelesado, vería

Mi voto más caro cumplido;

Cuando un alma, que me entendiese,

Al Eterno yo hubiese pedido.

 

Tú entonces realizaras, mi ángel,

Mi querido ideal amoroso;

Tú me darás del cielo las delicias;

Yo sería el mortal más dichoso.

 

 

ACRÓSTICO

 

Ángel, que me apareciste

En esta vida de aflicción

Genio bueno, que me pusiste

Esta fe en el corazón,

Linda estrella, que fulguras,

Envidia causando a los demás,

En tu Edén de venturas

¿Acaso escuchas mis ayes?

 

 

FRANCINA

(Glosa improvisada)

 

Lema

Oh son cuatro las bellas gracias

Oh Francina una de las tres

 

tú, Francina, que sobrepasas

cualquier mortal en belleza,

Es de Citera la deidad,

Oh son cuatro las bellas gracias.

Como tu blancura borrosa

Del jazmín la candidez;

Quien te contempla una vez,

Dice, de las Carites tan bellas,

Que ser cuatro deben ellas

Oh Francina una de las tres

 

 

A ANGELINA

Como eres

 

Angelina es tan hermosa,

Como la rosa

En fresca aurora del verano;

Eres pura como la corriente,

Transparente,

Del más cristalino río.

 

Eres cual estrella brillante,

Rutilante,

En el armamento azulado;

Hace de la tierra un paraíso

Tu sonrisa,

Oh tu sonrisa agraciada.

 

Tu voz armoniosa,

Melodiosa,

Iguala a la del ruiseñor;

Son tus ojos tan hermosos,

Luminosos

Como de los rayos de sol.

 

Tú eres tan tierna e inocente,

Como el ente

En la madrugada de la vida;

Eres tan grata y placentera,

Cual primera

Prueba del amor no mentida

 

Es alegre como la niña,

Pequeñita,

Por los jardines a danzar;

Eres suave cuerno la brisa,

Que ameniza

 

Linda noche de luna.

 

Eres casta como lo maternal

Beso tierno

En el rostro del hijo amado;

Eres divina como un canto,

Sacrosanto,

Modulado por serafines.

 

Eres dulce como la esperanza,

Que descansa

En el alma de los fieles cristianos;

De los ángeles la santidad,

La bondad,

Reside en tu corazón.

 

 

UNOS OJOS

(en un álbum)

En un semblante peregrino

De los ojos castaños vi,

Tan tiernos, tan matadores,

Otros jamás conocí.

 

Del sol ardiente no tenía

El deslumbrante fulgor:

 

Pero, como la serena luna:

Muchas hablaban de amor

 

Brillaban con la luz suave,

Que alumbra el corazón;

Del divino mirar de los ángeles

Tenían el dulce don

 

Ojos, que así poseían

Tan poderosa magia,

Quién, después de avistarlos,

¡¿Por ellos no morirían?!

 

 

ACRÓSTICO

 

Abriste en fresca mañana

En medio de las otras flores

Gentil florecilla loza;

Extasiando los amores…

Lirio del cielo, que has venid

Ensalzar mi mundo

En el puro seno trajiste

Almos placeres de ti.

 

 

EL AMOR

 

Amor tu nombre querido

Cuanto es dulce proferir

Pero cuanto no es más dulce

En el corazón sentirte.

 

Divinidad, que las almas abrasas

Como la llama de tus fuegos;

Inmensa como el océano,

Infinita como Dios.

 

No ser ilimitados,

Fuera locura pensar;

Al tu despótico imperio

¿Quién puede en fin firmar?

 

En los corazones donde reinas,

Tienes poder misterioso;

Lo bueno, a veces, malo se vuelve;

Vuelves lo malo, virtuoso.

 

Oh feliz, oh desgraciado

Poseerte es un bien supremo,

Quiera el cielo nos arrebate,

Quiera nos despeñe en el infierno.

 

¿Infierno?… Al seno donde existas

¿Puede tal nombre caber?

Puede sufrir de él las penas

Que en el alma te eleves.

 

De tus hechiceras virtudes

La más celeste, la más pura,

Es permitir que encontremos

¡En el sufrimiento la dulzura!

 

Es hace que tus golpes

Queríamos antes sufrir,

Que sentir en el pecho vacío

¡Que nada más puede llenar!

 

Del mundo las realidades,

Que más codiciadas son,

¡Amor! ¡Amor! Yo no cambio

Por tu ilusión.

 

¡Amor! Cual yo te imagino

En los dorados sueños míos,

Es un resumen de las glorias,

¡De las harmonías de Dios!

 

Traducción Sebastián Novajas

Adélia Josefina de Castro Fonseca (Salvador, Bahía, 24 de noviembre de 1827 – Río de Janeiro, 9 de diciembre de 1920) fue una poeta brasileña. Sus padres fueron Justiniano de Castro Rebello y Adriana de Castro Rebello. Se casó con Inácio Joaquim da Fonseca. [1] Publicó sus poemas en periódicos y libros, y fue colaboradora constante del Almanaque de lembranças luso-brasileiro. Hacia el final de su vida ingresó al Convento de Santa Teresa, en Río de Janeiro, adoptando el nombre de Madre María José de Jesús.

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