La obra PERFECTOS DESCONOCIDOS, presentada en el Teatro Mori del Parque Arauco, propone una radiografía íntima y paulatinamente incómoda de las relaciones y secretos que pueden develarse en las relaciones afectivas y contemporáneas de un grupo de amigos profesionales, cuarentones, con hijos, representantes de una adultez que ha cumplido con todos los hitos esperados, pero que arrastra contradicciones no resueltas. Bajo una apariencia ligera y abiertamente humorística, la obra induce al espectador a un espacio de confianza intima que pronto revela su fragilidad, convirtiendo la intimidad compartida en un terreno inestable, donde lo no dicho pesa tanto como lo que será revelado.
La historia se sitúa en la casa matrimonial de uno de ellos, espacio habitual de encuentros y cenas compartidas. Allí, esperan ansiosos a un acontecimiento extraordinario y excepcional: un eclipse que ocurre una vez cada 100 años. Volviendo al eclipse un protagonista que no se limita solo a ser un espectáculo astronómico, sino que, se instala como un personaje sigiloso, cuya presencia altera el pulso de la obra, operando de manera metafórica; donde las verdades escondidas pueden ser vistas incluso en plena oscuridad.
En este contexto, los personajes comparten una cena cargada de bromas, recuerdos, risas y códigos generacionales reconocibles, especialmente entre los personajes masculinos. Este primer tramo establece una conexión inmediata con el público, sostenida por una jocosidad ágil, versátil y eficaz.
Sin embargo, el momento crucial de la obra se produce al entrar la sombra de la tierra sobre la luna oscureciendo su luz; Una de las mujeres del grupo propone un juego aparentemente inocente, pero profundamente perturbador para todos, incluso para el espectador.
El juego consiste en dejar todos los celulares sobre la mesa y exponer públicamente cada llamada, mensaje o notificación que llegue durante la jornada. Los protagonistas muestran resistencia inicial y una clara ansiedad, pero luego aceptan, claramente no por convicción, sino por la presión grupal y al deseo de sostener una imagen de estabilidad, moralidad y transparencia que ninguno puede sostener hasta el final. Aquí se abre paso a una cadena de situaciones penetrantes que se incrementan sin abandonar el tono jacarandoso; bromean que no tienen nada que ocultar y que no tienen el “mal del asesino” (la necesidad de ser descubiertos), por lo que la obra se vuelve aún más inquietante durante el desarrollo de los conflictos.
A medida que el juego avanza, la obra expone situaciones que tensionan los límites de la lealtad, la amistad y la vida conyugal. Aparecen secretos celosamente guardados, se generan intercambios de teléfonos para proteger apariencias y revelaciones que quiebran hasta los vínculos más fuertes. En este proceso, los protagonistas muestran enérgicamente las situaciones, logrando una intensidad emocional que cruza un punto de no retorno, y que irónicamente el público asume ligeramente con humor.
Los instantes más reveladores ocurren cuando, uno a uno, los personajes comienzan a quedar expuestos, salen a la luz secretos, amantes, y quiebres emocionales cubiertos por el alcohol.
El momento de mayor tensión se genera a partir de un malentendido entre dos amigos, quienes intercambian sus teléfonos para protegerse durante el juego. Mientras al primero le llegan fotografías íntimas de una mujer muy joven, al segundo lo contacta un hombre con quien explora un nuevo vinculo afectivos y sexual. La confusión lleva al grupo a asumir erróneamente que el protagonista ha ocultado su orientación sexual. Esto da paso a una serie de interpelaciones brutales de sus amigos de infancia. El grupo comienza a fracturarse, los pasos y las tablas del escenario hacen que todo se vuelvan un núcleo desesperación y ansiedad. Solo cuando la impotencia se desata y las lágrimas caen, la verdad sale como el destello de luz al tránsito del eclipse, dejando al descubierto no solo el secreto, sino también la violencia y los prejuicios normalizados dentro del grupo y la sociedad. El momento es culmine, la tensión que se instala en el escenario, y que trasciende la ficción, impacta.
La escena no solo desnuda el conflicto individual, sino que evidencia cómo ciertos códigos heredados, camuflados de humor, confianza y cercanía, siguen operando como refugio cómodo, incluso para el espectador, donde se supone que para esta era ya se creían superados. La risa colectiva, funciona como un espejo incómodo, revela cuánto de esos prejuicios siguen siendo compartidos, reproducidos y celebrado aún en este año.
En este punto, la obra exhibe y cuestiona la lealtad, la unión de pareja, la amistad, el amor y la crianza, desarmando la imagen de armonía construida al inicio. La obra logra un tránsito delicado y poderoso, desde la risa descontrolada hacia una angustia profunda, capaz de conmover y descolocar al espectador, sin olvidar que el eclipse se hace presente durante toda la puesta en escena, siendo un protagonista silencioso que introduce una dimensión extraordinaria y que puede cambiar el curso de la historia.
Uno de los mayores aciertos en la obra, es comprender que el humor no es herramienta de distracción para el espectador, sino el sutil pavimento para ellos, el que actúa como un reflejo de una realidad cotidiana, que evidencia verdades doloras, incomodas, y concretas. Verdades que incluso puede estar experimentando alguno de los espectadores. El chiste rápido, la carcajada descontrolada, la burla picarona, es una puerta de entrada para el espectador, que le suaviza y conduce el relato, empujándolo hacia el conflicto interno y la tensión colectiva, de donde no hay escapatoria.
En ese desplazamiento, PERFECTOS DESCONOCIDOS toca fibras sensibles de la experiencia humana, el miedo a ser descubierto, la caja de pandoras que puede ser un celular, la fragilidad de los vínculos y la distancia persistente entre lo que una persona decide mostrar versus lo que realmente es.
La obra no ofrece respuestas ni moralejas cerradas. Su potencia radica en exponer, con honestidad y crudeza, las fisuras de las relaciones adultas en una era hiperdigitalizada y conectada, donde la intimidad puede ser diluida en fracción de segundos. Empero, no todo es amargo, la obra, permite asomarse a instantes de afecto y complicidad que conmueve, expone el amor en todo su espectro, amor entre amigos, parejas, padres e incluso amantes. Deja al público suspendido entre la risa, ironía, la incomodidad y la reflexión.
Actualmente estará en cartelera durante el mes de febrero en el Teatro Mori del Parque Arauco, es una obra que invita a una revisión crítica de nuestras propias prácticas afectivas, sociales, digitales, y como nuestros secretos modernos podrian ser descubiertos en segundos con solo hacer un click en una pantalla. Desde esa tensión entre lo cómico y lo doloroso, Perfectos desconocidos se consolida como una obra que no solo entretiene, sino que interpela directamente al público, acostumbrados a administrar silencios, apariencias y afectos bajo la ilusión de control.
