Narrativa. Mauricio González Seguel 

 

RUIDOS EN LA NOCHE

 

Hace días que no hablamos. La cortesía es nuestro dialecto. Los roces por casualidad, nuestros afectos. Aún te preocupas porque coma; yo lo hago para no ponerte más nerviosa.

La casa pequeña se hace enorme cuando las recriminaciones y desconfianzas empujan las paredes. Así, transitamos colindantes con la locura.

Día a día, reviso en las cámaras de mi mente dónde perdimos la chispa. No está perdida; solo ha sido tapada por pensamientos ajenos a nuestra historia.

Esa noche escuchamos un ruido. Estábamos los dos en la cama, con la almohada en medio.

—¡Despierta! —me gritaste. Hacía tiempo que no te escuchaba hablar con tanta fuerza.

Me levanté raudo.

—Ponte las pantuflas —me susurraste.

Me las pongo y procedo a buscar de dónde viene el ruido.

No prendo la linterna porque lo considero una estupidez. Imagínate que la prendes y delatas tu posición: lo que sea que hizo el ruido —ladrón, asesino, monstruo o fantasma— verá inmediatamente dónde estamos.

Me muevo sigiloso cuando de pronto siento una presencia en mi espalda. Un sudor frío recorre mi cuerpo. Me giro rápido, dispuesto a destruir o ser destruido…

Eres tú, que me preguntas:

—¿Has visto algo?

Procedo a sacar mi corazón de la boca y te respondo:

—Nada aún.

Otro estruendo ruge cerca de la cocina. Nos encaminamos a ese sector, juntos, pero sin tocarnos.

Un nuevo ruido hace rugir la noche. Nos movemos rápido. Es en el patio. Al pasar por la cocina, tomo una escoba, y tú te ubicas a mi lado, con miedo, pero sin tocarme.

Asustados, abrimos la puerta que conecta el patio con la cocina cuando escuchamos otro ruido a nuestra derecha.

Provistos del valor de quienes no pueden vivir con la duda —y cuya ansiedad les carcome los huesos—, volteamos rápidamente: primero la cabeza y luego el cuerpo. Posamos una mirada inquisidora sobre el origen del sonido.

Dentro de un basurero aparece un gato negro como alquitrán que salta veloz y se abriga con la noche.

Decepcionados, no fuimos detectives, ni cazafantasmas, ni héroes anónimos.

Caminamos hacia el interior de la casa. Y en el patio divisamos un conejito negro, de ojos como focos de automóvil. Me tomas la mano y apoyas tu cabeza en mi hombro.

Yo vivo el momento más alegre desde hace semanas.

 

Mauricio González Seguel (Temuco, 1980) es periodista con diplomados en Comunicación Interna y Literatura Infantil y Juvenil. Esta formación sostiene su enfoque crítico y enriquece su narrativa en periodismo y ficción.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *