Poesía. Ioana Cecovniuc

 

EL RONDEL DE LOS VENCEJOS

 

Aún volaban, sin embargo, los vencejos,

y con la luz del rocío se encalaba la mañana.

Calles y sombras, en la ciudad una campana

desguazaba el tumulto en ritmos añejos.

 

Del pasado era una muralla rara guardiana,

todo amanecer le entallaba trazos bermejos.

Aún volaban, sin embargo, los vencejos,

y con la luz del rocío se encalaba la mañana.

 

Un ensamblaje de aires y gritería cotidiana

repercutía en el deseo de aletargar los reflejos,

transfigurar la mirada en una floresta arcana.

Y si desintegrado el altorrelieve de los cortejos

aún volaban, sin embargo, los vencejos.

 

EL RONDEL DE UN PÁJARO FINGIDO

 

A tus pies le gustaba quedarse dormido,

su piel brillaba entre felices sombras,

el tiempo sentías eterno, gentil, derretido

en segundos contados, en arenosas alfombras.

 

También le gustaba mirarte, te asombras

de la persistencia de su perfil tan nítido.

A tus pies le gustaba quedarse dormido,

su piel brillaba entre felices sombras.

 

Te regalaba el día, la noche, el recuerdo diluido

de una sonrisa o de un grito que no lo nombras.

Estaba a tu lado sin recelos ni escombras,

a lo mejor era sólo eso: un pájaro etéreo, fingido,

a tus pies le gustaba quedarse dormido.

 

EL RONDEL DEL JABALÍ, DE PLATA SUS COLMILLOS

 

El jabalí, de plata sus colmillos,

recorre las orillas del llanto del poeta.

Reluce entre inmarcesibles algodoncillos

la piel que ha vencido la bala y la grieta.

 

Señor de la arena, de aquellos castillos

que se levantan en la sombra tan quieta,

el jabalí, de plata sus colmillos,

recorre las orillas del llanto del poeta.

 

Un príncipe lo busca, allí, en la meseta,

quiere atraparle, sueña con sus brillos.

Un riachuelo se esconde, allí, por la cuneta,

dueño del misterio entre silvestres arbolillos

el jabalí, de plata sus colmillos.

 

EL RONDEL DEL AGAPANTO AZUL

 

¡Tanta primavera en el alma azul del agapanto!

y alpistes de luz en la mirada convergen,

en espera de serpentinos tempos se sumergen

los árboles machihembrados con el oro santo,

 

el retablo de tiaras y duelos hoy abstergen.

Los desposorios de una virgen suplen el quebranto,

¡tanta primavera en el alma azul del agapanto!

y alpistes de luz en la mirada convergen.

 

El dado de la cimentación las lluvias aspergen

en los jardines descosidos, su lejano amianto.

Un dédalo de ilegibles fugas, las huellas refulgen

ante un hermeneuta de las lágrimas, del canto:

¡tanta primavera en el alma azul del agapanto!

 

EL RONDEL DE UN PORVENIR ABSTRACTO

 

Cuando me creas más ausente que tu misma voz

busca mis sonrisas en el umbral de una ventana.

Allí un piano antiguo amansará el estruendo de la ría montana,

allí el gorrión transformará en nido el cercano tejaroz

 

y todas las tardes, hipnotizante será su puesta temprana.

Inconclusa, la luna dará un salto mortal a paso veloz.

Cuando me creas más ausente que tu misma voz

busca mis sonrisas en el umbral de una ventana

 

y llévame a un jardín pegado al silencio de una fontana

o dime adiós suspendiendo la lluvia en la calígine precoz.

Lentos, los olvidos regresarán por una huidiza costana,

a solas, las palabras se hundirán en un cuento feroz

cuando me creas más ausente que tu misma voz.

 

EL RONDEL DE LA RECAÍDA INEVITABLE

 

Todo recayente tiene ya en sí a un rehabilitante, pero el problema, para nosotros los que pensamos nuestra vida, es confuso y casi infinito. (Me caigo y me levanto, Julio Cortázar)

 

«Si por la mañana estamos

tan bien, tan café con leche…»

voz que tal vez aún nos fleche

porque el amor lo olvidamos.

Luz de un quinqué de ese queche

nos abraza, la gozamos

«si por la mañana estamos

tan bien, tan café con leche…»

 

Tez y besos, escabeche

cuando a veces nos llamamos

para que jamás se estreche

lo que con el aire añoramos

«si por la mañana estamos…»

 

EL RONDEL DE UN ROJO PLUMERILLO

 

Trochas timoratas y en su borde un rojo plumerillo

se rezagaba en los silencios de otro clarecer…

En la torre del viento, brioso el escribano cerillo,

un vecero que el vaho del olvido preveía deshacer.

 

Los pasos iban flotando por un alunado caserillo,

la luz el juego de los tonos empezaba a mecer.

Trochas timoratas y en su borde un rojo plumerillo

se rezagaba en los silencios de otro clarecer…

 

…rizador de las pestañas ansiando encanecer,

la terneza de una mano en su alma-acerillo,

la fuerza en un bucle y volver a florecer.

Fija la mirada, así el sol, una foto, su rebrillo:

trochas timoratas y en su borde un rojo plumerillo.

 

Ioana Cecovniuc: docente universitaria en el marco del Lectorado Rumano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile (Santiago de Chile). Ha publicado poesía en las revistas de arte y literatura Montaje (Chile), Crisopeya (Colombia), Alborismos/Antología Los Herederos del Parnaso 2022 (Venezuela), Diversidad literaria (España), Yoveraqué (Perú). Igualmente, traducciones de poemas del español al inglés en Crisopeya (Colombia) y del español al rumano en Via Rumania Cultura (Rumanía). Premio internacional y diploma de honor en el XI°/XV° Concurso Natalicio de la poetisa nacional Ermelinda Díaz, Quilpué, Chile (2021/2025).

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