Reseña. Todos aman a Clara de David Foenkinos. Por Rodrigo Beraud

 

«Todos aman a Clara» y la capacidad de ir (al) más allá

 

Es difícil reseñar un libro y no perder la objetividad cuando eres un ávido lector de la obra de un autor, sin embargo, no existen absolutos en esta faena. Hecha la salvedad, me quiero referir al prolífico escritor David Foenkinos y su última novela  «Todos aman a Clara» (Alfaguara, 2026), texto que por estos días se ha empinado entre los más vendidos en Francia, su país de origen.

Lo anterior no es producto de una moda o golpe de suerte. Foenkinos ha sido capaz de mantener la calidad literaria a través del tiempo, al menos desde la publicación de su octava obra -la novela La delicadeza (2009)- dando muestras de una originalidad sin parangón. Ello le ha permitido publicar libros de gran agudeza cuyas tramas no flaquean ni acaban en lugares comunes. Desmitifica de esta manera la dicotomía de que el éxito de ventas significa muchas veces abordar temáticas livianas o inconsistentes para granjearse las preferencias del gran público.

En «Todos aman a Clara», el escritor galo crea una suerte de trenza que entrelaza tres historias que se fusionan con maestría. La primera es la de Alexis Koskas, un prominente empleado de banco que ve como su mundo se resquebraja cuando su hija Clara sufre un accidente y queda en estado de coma. Uno de los efectos de esta desgracia es su inscripción en un taller literario con el fin de mitigar su dolor. La segunda se refiere a la vida de Eric Ruprez, el escritor que dicta el mencionado curso. Foenkinos lo describe como un ser amargo que vive anclado en el fracaso y con tan solo una obra publicada sumida en el olvido (no está ni cerca de ser considerada de culto). La tercera arista nos conduce a la hija de Koskas, cuyo nombre da vida al título de la obra, adolescente que tras su hospitalización despierta con el don de la clarividencia.

En este puzzle dramático con tintes de tragicomedia, Foenkinos hace nuevamente de las suyas y se las ingenia para incorporar a personajes secundarios cuyo actuar puede ser a veces de una lucidez sorprendente, y en otras, dejan mucho que desear, dotando a la obra de nuevos claro-oscuros que desconciertan al lector. Son los casos de Marie, ex mujer de Koskas y madre de Clara; Florence, pareja actual de Koskas; Lola, mejor amiga de Clara; Amélie, alumna del taller literario; Clémence, clienta del banco donde trabaja el protagonista.

El devenir de estos personajes de segunda línea nos entrega pinceladas acerca del rigor de la existencia, las jugarretas del destino, la cercanía de la muerte, la culpa, el corazón hecho añicos y el amor en declive. Debo agregar el tema de los viajes a vidas pasadas, ciertamente un terreno desconocido que el autor sabe aprovechar muy bien. No obstante, aquello, también alimenta nuestra esperanza gracias a la posibilidad de renacer tras una crisis y el reencuentro luego de un quiebre sentimental.  En esta trama tan bien hilada, el autor nos regala un bonus track basado en nuestra experiencia lectora: ¿cuál es la novela que nos cambió la vida?

Con estos elementos sobre la mesa es posible afirmar que el atractivo de la obra se sustenta en sentir que la vida es un desafío permanente y que todo lo que damos por seguro se evapora en instantes, entregándonos un nuevo escenario al que es preciso adaptarse. Pareciera entonces que de nada sirve llorar, porque no hay tiempo para derramar lágrimas. Todo está mutando y nada es permanente. En palabras del propio Foenkinos: «pienso que la melancolía existe dentro de la felicidad, el dolor dentro del amor, y que muchas veces podemos encontrar bienestar en ese dolor».

No quiero extenderme porque eso sería hacer spoiler. Sólo decir que quienes disfrutaron con obras como Estoy mucho mejor, Lennon, Charlotte, Dos hermanas, Hacia la Belleza, La familia Martin, Número dos y La vida feliz (faltan varios títulos aún no traducidos al español), encontrarán en Todos aman a Clara una novela intensa, de rápida lectura (lo que no implica falta de profundidad), conmovedora, y como si fuera poco, nos invita a reflexionar acerca de la inspiración y el oficio de escribir. Así que sugiero leerla, y en esta ocasión especialmente, a quienes luchan con la idea de escribir su primer libro y a aquellos que padecen el mal de la página en blanco. Hablo muy en serio.

Rodrigo Beraud Guzmán es periodista (UGM), Magister en Comunicación Estratégica y Responsabilidad Social (UNAB) y escritor. Se desempeñó en El Mercurio, Emol, revista Caras, departamentos de comunicaciones de entidades públicas y ha sido editor de revistas institucionales. En el ámbito literario ha publicado siete libros, desde el año 2001 a la fecha.

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