EL STOPPERS DE LOS VHS
Esta novela los personajes realizan la búsqueda como excusa para dar con algo interno que los mantiene siempre descolocados, algo que no tienen nombre, algo que se quiebra como los cristales. Cruzan el horror de las imágenes como un cóndor cruza un territorio de los Andes. Novela donde el género negro es parte primordial, con sus variantes por supuesto, comienza con el detonante de Los pibes muertos con las remeras de River sobre sus cabezas. Basta esa mecha para activar una serie de eventos que el detective Zárate, hincha de Racing, para que se infiltra en Boca, y fracasar en el intento; lo que provoca que termine por obsesionándose con el alemán y su sueño de exterminio. El inicio de la persecución, como la huida hacia delante de todos los protagonistas que irán apareciendo, está bañada por la aparente búsqueda de justicia. Para luego terminar en ir desentrañando más verdades de las que uno se puede imaginar.
Kohl un hombre ayudado por la misma Santa Sede, demuestra las redes de poder y corrupción del reino del cielo en la tierra, encubrir el mal de quienes estuvieron limpiando la tierra de los pecadores judíos y demás minorías que habitaron Europa. Una imagen que representa bien esto es la de dos curas con los que el viejo nazi y su baúl convivieron durante una temporada: Fognini (de la Lazio) y Baggio (de la Roma), curas que Kohl consideraba unos homosexuales, y que parecieran justificar cada atrocidad de los nazis como si se tratase de una labor divina, y con el trasfondo de la construcción del estadio de Olímpico de Roma como si fuese un campo de concentración más ─a ojos de Zárate─. Algo que, a Kohl, lo trae sin importancia, pero que para uno de sus compatriotas que conoce en el viaje hacia Argentina y como este le explica que los estadios vienen a ser los nuevos templos ─como el de Salomón que se imaginaba Kohl cuando los curas le leían la biblia─, y que su religión vendría a ser el futbol. Pero, ¿quién es Kohl? ¿Qué lleva esa valija? Acaso solo ha sido un bueno para en esas aspiraciones cinéfilas que tuvo. Sin embargo, su camino no conducía a Roma y su destino sería retratar la violencia de otro tipo de mundo. Kohl convertido en la cámara de un nuevo mundo.
Y por otro lado Zárate y su aversión a los estadios que los imagina como campos de concentración. Entre esos el Estadio Nacional. Cada lugar al que va ve las gradas y se imagina esos centros de tortura de las dictaduras del cono sur donde la piedad no existe, y el fanatismo es lo único existen mientras gira la pelota. La canalización de la violencia por otros medios. Convertido en el coyote del correcaminos alemán. O, mejor dicho, el «stoppers» de un fantasma que no deja impronta. Soñando con locuras y entregando oleadas de datos a Olivera, el policía paraguayo, y no solo de futbol; cultura, filosofía y entretenimiento se cuelan por toda la novela. Tomando relevancia La Divina Comedia y la Odisea. El zapping va marcando una pauta durante la obra. Las menciones a Bob Esponja y Gasparin no son mero relleno, son el reflejo de algo más. ¿Acaso una forma de evadir el vacío propio? Zárate viajando en su Ford Bronco de estadio en estadio viendo los clásicos como el de Emece-Barcelona, por ejemplo. Son tantas las situaciones del detective. Zárate y un gallinero con gallinas con nombres de jugadores de River que terminan con el cogote partido por un hacha como acto de fidelidad al grupo, Zárate y sus sueños el infierno con Elisa stripper y con Borges asesino serial. El viejo policía ya no se podía detener por más que fuese descubierto por Mantecol Elfiates que lo reconociera como un guardia imperial, Mantecol, el que salvó al Teniente y arruinó a Zárate.
Y, por otro lado, Elisa una abogada carente del amor de una madre y hundida por la obsesión de un padre abogado asunceno y que no le quedó más que buscar su razón de ser en una historia de dentistas cazadores de nazis, que, a su vez, se convirtieron en torturadores. La víctima se convierte en monstruo, entonces, ¿qué se sentido tiene la justicia?, ¿acaso es una pantalla? Ella una abogada por precepto paterno, no aplica lo enseñado, sino que caza para llenarse con algo, mientras dure, lo seguirá haciendo, por eso esa obsesión con una hemeroteca (o videoteca) que supuestamente contiene los horrores de los nazis cometieron en los campos de concentración, pero se termina encontrando con los horrores de las dictaduras latinoamericanas, a medida que progresa su propio viaje en medio de los horrores.
Tampoco es casual que aparezca Asunción como punto central en los constantes viajes de Zárate visitando a Elisa y de pasada asistir a un partido de Cerro Porteño-Olimpia. No es casual porque Paraguay es el corazón de Sudamérica y sede de la Conmebol y por ser un lugar donde muchos judíos buscaron refugio.
En cuanto a Olivera, el policía paraguayo, un hombre que no tiene una verdadera convicción, que conoció a esa abogada precisamente porque estaba buscando las cintas. Un hombre que simplemente seguiría haciendo su trabajo en Paraguay, pero se vio atrapado por el amor a Elisa que lo terminó vinculando a Zárate. Decide ayudar a buscar las cintas de VHS ya como una declaración de amor para Elisa, y así intentar recuperarla. ¿Tiene sentido hacer justicia por intereses de cama?
Parafraseando a Zárate mientras habla con Olivera: que ya no existen sabios y que los dibujos animados ilustran nuestra sociedad, no solo eso ya que no importa cuantas veces el idiota le estallen los explosivos en la cara o se estrelle contra un muro vuelve a pasar por la misma situación, acaso la violencia no es el absoluto de esa situación, por más horror que cometamos y vivíamos lo volvemos a cometer (p. 305-306). Pero el viejo policía no se queda en eso cuando habla con Olivera durante el viaje a Oruro. Continúa y le dice que Latinoamérica es la casa del terror de un parque abandonado (p.325). Un parque que al final puede que resuelva algo para ambos policías.
Y si lo pensamos detenidamente, un valor de esta novela, es que nadie nace idóneo para la tortura y el martirio, es algo a lo que se llega o se crea para ser el motor de nosotros mismo como sociedad. Pero a Kohl no le importa eso y sigue grabando el horror de los torturados que así perpetúan su placer, donde cada tanto fue naciendo un nuevo «Jedwabne» por las dictaduras de turno y ascendiéndolo a leyenda del cine snuff. La necesidad de la violencia para vivir, la adicción para justificarse en este mundo como individuo. De perpetuarlo en imágenes.
Toda la obra, también, se podría reducir a puntos e hilos colocados sobre un mapa en un ir y venir en la vida de Zárate, Olivera, Elisa, Kohl, dentistas, nazis (Eichmann no se puede quedar afuera como tampoco Hitler o Mengele que aparecen como espectros en la memoria). Una cosa lleva a la otra y conecta para regresar al origen de cada uno de los protagonistas que se mueven buscando su propia razón de ser, en ese ir y venir que los va entrelazando hasta convertirlos en un nudo gordiano. Tampoco se busca la satisfacción de algo, sino que evitar asumir la soledad intrínseca que carga cada uno. Yendo de un lado a otro: Buenos Aires, Asunción, Oruro, al pasado post segunda guerra mundial y sus a atrocidades, a lo que dijo Mantecol y las estrellas de David, el viaje no es solo físico por Sudamérica o Miami a ver un niño frente a un televisor, el viaje se hace a las profundidades de uno mismo, hondando más, pero sin lograr dar con la claridad anhelada.
Entonces, ¿quién apostaría por Zárate a que encuentra a su nazi? ¿Sería más una manzana envenenada que un acto de liberación? Pero a un viejo nazi inencontrable y que no padeció el mismo destino de Mengele o Eichmann y que su único sueño era que todas las líneas de ferrocarril llevasen judíos a los estadios de la Argentina convertidos en los nuevos campos de concentración del mundo. ¿Triunfó la voluntad de Kohl? ¿Kohl? O tenía razón Mantecol cuando decía que Zárate tenía ojos, pero no veía (p. 330). Zárate convertido en el stoppers de los VHS.
Título: Noche de los cristales rotos.
Autor: René Araya
País: Chile
Año: 2026
Editorial: La Pollera, 370 págs.
