Nota: Plaquette Homenaje a Antonio Lobo Antunes
Exhortación a los cocodrilos
Busco en la prehistoria de mis huesos
el fósil del dolor
restos de lo trizado
hilera de dientes masticando las ausencias
la pintura rupestre del golpe
no hay hallazgo en este pecho
tallado con sílex
mis ojos, cocodrilos inmóviles,
esperan en la orilla
hasta que vuelva la respiración
Manual del inquisidor
Abrir el pensamiento al escrutinio
en lo alto de la palabra
interrogar el silencio
en el margen
pesquisar la brevedad del futuro
a espaldas del sueño
fraguar la impunidad del amor
en el último peldaño del dolor
presionar el lagrimal
hasta ajustar la pena
¿Qué haré cuando todo arde?
Brasas sobre el pecho,
ceniza en la boca.
Esquirlas de la indolencia.
Qué haré cuando todo arde.
Humean las pantallas,
ruido sobre ruido.
Insiste la hoguera.
Cuando todo arde,
el tiempo calcina.
El archipiélago del insomnio
Lengua
que golpea el borde.
Zozobro.
Arrecife de voces,
naufragio del sueño.
Despierto
cada vez
en un océano vacío.
Comisión de las lágrimas
Reunidas las aguas de mis ojos
espanto el ruido
el tráfico aplasta el impulso y el pulso
el día se llena de luces
y puentes que no crucé
no sé trasquilar la pena
la comisión de las lágrimas
aprueba mi desconsuelo
despojada de cuerpo
la ternura lanza su último grito
las lágrimas, de pie,
reciben mis pedazos
me retiro
a p a s o l e n t o
No entres tan deprisa en esa noche oscura.
Un reloj
avanza hacia atrás.
Los murmullos
cierran las puertas.
Las sombras
huyen del muro.
Detén el pie
hasta abrir
la memoria.
Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar.
arrastran un duelo
galopan la nostalgia a pelo
flotan retratos
una pregunta alzada
en la herrumbre de la memoria
los océanos relinchan
la soberbia del olvido
el vaho cuenta
gotas
en medio de la umbría
las dudas
arrancan de los corrales
Buenas tardes a las cosas de aquí abajo.
Un pie afuera
y un cuerpo adentro.
No hay terreno
sino aire.
Todo se va a dormir.
Se han ido los países.
La espera no espera
y el minutero ha perdido la voz.
corrido el techo
se han volado todas las ramas
Desde arriba chocan los vientos,
caen las memorias.
Ya no empacamos horizontes
bajo este mostrador.
Hasta que las piedras se vuelven más ligeras que el agua
No ha de caer nada de la sombra.
Ha de romperlo todo con una mirada.
Nadie cae del techo de la pena.
Todos quiebran los espejos en las fiestas.
Ocurren tantas cosas
cuando no ocurre nada.
Lo veo en las hojas blancas,
pero no aparece nada
hasta
que las piedras se vuelven más ligeras que el agua.
Mi nombre es legión
Los demonios marchan sin ruta.
Danzan,
se burlan del territorio conquistado.
Cierran el ojo
a vocabularios ordenados.
Alfabetizan
el otro lado de la muerte.
Una legión de certezas
cae por barrancos de centurias.
Una hueste revuelta
golpea mi puerta.
La carne de mi historia grita:
mi nombre es legión.
Yo he de amar una piedra
Hundida en la memoria
he de amar la tierra.
En la vereda
de los años que aún no pasan,
he de amar océanos
entre el humo del té
y las conversaciones.
He de amar tempestades.
Recorrer una calle vieja
entre rocíos.
Como el agua,
como el viento
yo he de amar
una piedra.
Michelle Parra (1975). Profesora, Traductora, Poeta y Pintora autodidacta. Ha colaborado con diversas revistas digitales como Revista sin futuro, Revista el coloso, El Arrebato, Cuenta artes (Perú), La máquina de escribir (Lota), Hoja de babel, Revista Jauja, entre otras. Participó con dos poemas de la antología de poesía El cuerpo es mudo, el cuerpo es carne de Editorial Bonsai de papel ediciones (Colección Kujaku) 2025. Actualmente se encuentra a la espera de publicar su primer poemario.
