2026 © José Ramón Muñiz Álvarez
LA ESCARCHA DEL INVIERNO
I
La escarcha del invierno,
la nieve y el granizo
coronan cada cumbre,
se manchan con el barro del camino.
Se manchan con el barro del camino
las vanas esperanzas del viajero,
y yo, que soy viajero,
descubro otro camino en cada nube,
descubro otro destino en el crepúsculo,
descubro otra mentira en la mentira.
II
La luz del alba, en cambio,
amiga de la vida,
también nos trae la muerte
—la muerte llega siempre en la mañana—.
La muerte llega siempre en la mañana,
nos llega con rosados agradables
que quiebran el silencio.
La luz del sol describe, en su pirueta,
con un pincel de vida los paisajes
y el hielo es el que impone su capricho.
III
El alba con el alba
y el hielo con el alba,
la luz del alba hiere
la vida del jardín donde era vida.
Los hielos del enero lo publican,
lo dicen las penurias del momento,
lo advierte cada ráfaga:
el alba mentirosa es un cuchillo
que niega, con la luz de la mañana,
el vuelo hacia palacios más amables.
LA ROSA MORIBUNDA
I
La rosa moribunda,
sabiendo que nos deja
—lo impone así el otoño—
pronuncia ante el crepúsculo sus versos
y suelen ser amargos como el brillo
final del eco triste de una tarde
que busca un horizonte.
La siento en mí y es parte de un espíritu
que sabe que también hay un crepúsculo
que viene derrotando una esperanza.
II
La rosa malherida,
sabiendo su destino
—lo mandan los otoños—
pronuncia ante el ocaso sus discursos
y suelen ser de un corte pesimista,
lo mismo que la tarde que se pierde,
que busca un horizonte.
Un algo de esta rosa está en mi aliento
si digo que esa rosa me comprende,
lo mismo que comprendo yo a la rosa.
III
La rosa que se apaga,
consciente de su muerte
—noviembre no perdona—
recita ante un sol débil su cantata,
su llanto y la elegía que desprenden
los versos malheridos como el aire
que hiela su crepúsculo.
No sé si seré parte de esa rosa,
si todo lo que muere en este otoño
es parte de esa rosa moribunda.
IV
Tal vez este suceso importa menos…
ME ACUERDO DE MACHADO Y DE SUS VERSOS
Me acuerdo de Machado y de sus versos,
del ángel en la taza y del crepúsculo
que enciende las conciencias más amargas.
José Ramón Muñiz Álvarez nació en Gijón en 1974, pero su niñez y juventud transcurren en Candás (Asturias). Licenciado en Filología Hispánica y Especialista en Asturiano por la Universidad de Oviedo. Actualmente es profesor de Secundaria en Castilla y León. Paralelamente, cultiva la poesía y ha colaborado con algunas revistas digitales literarias con asiduidad, como es el caso de Letralia, Almiar o Noche Laberinto, Sinfín Opción (ITAM) o Monolito. Ha publicado en Métrica y Poesía y en Multiversos. En la red circulan muchos poemas, como los de «Las campanas de la muerte» o «Los puñales de la helada».
