Narrativa. Lima Barreto (Brasil) II

 

Traducción de Sebastián Novajas

 

LA MUJER DE ANACLETO

 

Este caso le pasó a un antiguo colega de mi repartición.

Él, al principio, era un excelente escribano, puntual, con magnifica letra y todos sus atributos del oficio lo hacían muy estimado por los jefes.

Se casó bastante joven y todo hacía creer que su matrimonio fuese de los más felices. No obstante, no fue así.

Finalmente, de dos o tres años de matrimonio, Anacleto comenzó a mandarse a cambiar furiosamente. Además, de caerse al litro, se dio al juego.

La mujer naturalmente comenzó a paquearlo.

Al comienzo, él oía las observaciones con cara de resignación, pero en breve, se enfureció con ella y se dio a maltratar físicamente a la pobre muchacha.

Ella estaba en su papel de dueña de casa, él, sin embargo, no estaba en sus cabales.

Motivos secretos y muy íntimos, tal vez explicasen su transformación; la mujer, sin embargo, no quería entrar en indagaciones psicológicas y solo le reclamaba. Las respuestas a estas acabaron en sacadas de cresta. Las soportó durante un tiempo. Un día, sin embargo, no estaba para seguir así y abandonó ese lugar precario. Fue para la casa de un pariente y de una amiga, pero no soportando la posición inferior de allegada, se dejó caer en la más relajada vagabundez que se podía imaginar.

Era un verdadero ‹‹pimpollo›› que deambulaba por las calles de este Rio de Janeiro.

Cuando se le hablaba a Anacleto sobre la suerte de la mujer, él se enfurecía:

―¡Dejen a esa vagabunda morir por ahí! ¡Cual mujer mía, cual nada!

Y decía cosas peores e injuriosas que no se pueden poner aquí.

Vio a la mujer morir, en la plaza pública; y yo que sospeche, por las noticias de los diarios, fuese ella, me apuré en recomendar a Anacleto que fuese a reconocer el cadáver. Él gritó:

―¡Sea o no sea! ¡Muerta o viva, para mi vale poco!

No insistí, pero todo me decía que era la mujer de Anacleto que estaba como un cadáver desconocido en la morgue.

Pasaron años, mi amigo Anacleto perdió el trabajo, debido al desorden de su vida. Después de algún tiempo, gracias a la interferencia de viejas amistades, consiguió otro, en un Estado del Norte.

Finalmente, en un año o dos, recibí una carta de él, pidiéndome encontrar al policía que certifico que su mujer había muerto en la vía pública y fuera enterrada por las autoridades públicas, tenía visto el casamiento con una viuda que tenía ‹‹alguna cosa››, y necesitaba también probar su estado de viudez.

Le di todos los pasos para tal, pero era completamente imposible. Que él no quisiera reconocer el cadáver de su desgraciada mujer, significó, que para todos los efectos continuaba casado.

Y fue así que la esposa de Anacleto se vengó póstumamente. No se casó rico, como no se casaría nunca más.

 

Afonso Henriques de Lima Barreto. Río de Janeiro (1881-1922). Abandonó sus estudios como ingeniero mecánico para convertirse en funcionario público del Ministerio de la Guerra; posteriormente comenzó a trabajar como periodista en numerosas publicaciones. En 1909 y 1911 salen a la luz sus principales novelas, Recordações do escrivão Isaías Caminha y Triste Fim de Policarpo Quaresma. En 1914 es internado por primera vez en el manicomio, en 1916 es hospitalizado para tratar su alcoholismo y en 1918, jubilado prematuramente del Servicio Público por invalidez. Muere en 1922 víctima de un infarto. Otras obras destacadas: O homem que sabia javanês (1911), Vida e morte de M. J. Gonzaga de Sá (1919), Clara dos Anjos (1922) y Os Bruzundangas (1923, póstuma).

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