Retrato de un amanecer que nunca fue
Luego del triunfo de la opción NO en el Plebiscito de 1988 y con la proximidad de las elecciones de fines de 1989 que elegiría a un nuevo gobierno democrático, la dictadura comenzaba a quedar atrás y surgían las tareas de reparación, especialmente en materia de derechos humanos. Se hablaba de un «futuro promisorio», incluso de un «nuevo amanecer» para Chile. Sin embargo, dicho período de nuestra historia quedó sumergido en una suerte de zona gris, un tiempo que permanece en una nebulosa, opacado, quizás, por el excesivo entusiasmo de los que triunfaron y por el encono de los que fueron derrotados.
Esa extraña yuxtaposición de vencedores y vencidos se vio reflejada en la aparición de entidades y de personeros de dudosos propósitos, y que constituye uno de los puntos centrales de la novela No sabes cuán oscura puede ser la noche de Rodrigo Muñoz Cazaux (Vísceras Editorial, 2025). «A pesar del gran arcoíris de expectativas que nos habíamos construido ante tanta promesa electoral, había un decepcionante tufillo de que todo se parecía demasiado a lo anterior», señala el autor en su obra.
De aquella transición a la democracia existen pocas referencias culturales. En literatura, los detectives Cayetano Brulé (Roberto Ampuero) y Heredia (Ramón Díaz Etérovic), personajes que se adentraron en aquellas aguas turbias plagadas de mandos medios, oscuros funcionarios administrativos y marginados por la sociedad. Recordamos también la película Johnny cien pesos (dirigida por Gustavo Graef), que nos planteó la permiabilidad de un nuevo sistema frente al crimen perpetrado por delincuentes improvisados, y que bien refleja Muñoz Cazaux al presentarnos a un protagonista que fracasa en la universidad, carece de ideales y tiene los bolsillos vacíos. De ahí a ser reclutado por una extraña agencia de empleos cuyo principal modus operandi es la violencia, existe un solo paso.
Se entiende por ello que el autor describa a su protagonista como «un fantasma atrapado entre la vida y la muerte, inmerso en una existencia llena de traiciones y arrepentimientos». A medida que éste se involucra con sus compañeros de oficina y asume nuevas responsabilidades como «asesino a contrata», vemos como su humanidad y dignidad se difuminan hasta extremos irreconocibles y se transforma en una ficha más en el tablero de un poder en las sombras.
¿Existe redención? El autor nos plantea que sí. Es posible. De ahí que finalmente este sicario –que se transforma en un narrador anónimo y que no podemos calificar de entrañable– relate su historia luego de 30 años de servicio. Se aboca en ese afán mediante un texto de carácter confesional basado en una estructura no lineal, fragmentos y escenas que dialogan entre el pasado y el presente, y que ensambla en un relato acerca de nuestra historia reciente. En otras palabras, el autor desnuda efectos nada edificantes de la post dictadura que eclosionaron con el estallido social de 2019.
Pero no solo la trama nos sitúa en una época remota. El génesis de esta novela se encuentra en un texto del autor escrito en 1997, pero quedó olvidado en el camino. Volvió a él de vez en cuando hasta que por fin, ya en esta década, tomó el toro por las astas y le concedió la atención que merecía. «Al escribirla tuve muy presente el concepto de fracaso, de la oscuridad de esos primeros años en democracia, de lo contrapuesto a la idea de creernos los jaguares de Latinoamérica», plantea Muñoz Cazaux durante la presentación de su novela en la Furia del Libro 2025.
Uno de los puntos altos de esta novela, es una narración que combina elementos literarios y cinematográficos, mediante una clara influencia del cine noir y de la cinta Pulp Fiction, una de las preferidas del autor, quien se define como un fanático del cine. Cuenta con experiencia en esta área, lo que se refleja en una narrativa donde se atreve a montar y desmontar imágenes con propiedad y a no sobrecargar la historia con diálogos. Sólo los estrictamente necesarios para que la narración fluya.
En definitiva, Muñoz Cazaux cumple con esta obra, escrita con franqueza y ahínco, y amplía el catálogo de novela negra en nuestro país, un género donde aún hay mucho paño que cortar. Puedo afirmar también, que nos encontramos frente a un autor valiente y ecléctico, que se atreve a experimentar y dar saltos creativos desde historias de zombis, horror y ciencia ficción a textos más íntimos y realistas, incluso a publicar libros concebidos como objetos de arte o fabricados de manera artesanal; una rareza en una industria editorial poco acostumbrada a jugársela por propuestas que se salen del molde.
