Rusia y Chile. Por una victoria de la paz. Por Miguel Echeverría Madrid

Chile y Rusia: Por una victoria de la paz

Siento que hoy vivimos un clásico internacional: fascismo contra comunismo en las elecciones de mañana, coincidiendo además con enfrentar a un país promotor del anticapitalismo que logró convertirse en potencia y supo resistir al modelo reinante. También se dio, en lo deportivo, un nuevo duelo de selecciones de fútbol desde aquel cupo a la semifinal en el Mundial de Chile 1962, en pleno siglo XX. Le dimos la oportunidad de soñar con paz a un pueblo que, lamentablemente, sabe demasiado de guerras.

Es meritorio destacar el triunfo de la selección chilena de fútbol ante un país con el que compartimos una tradición futbolística, como Rusia y su antecesora, la ex Unión Soviética (Rusia es solo una de las tantas repúblicas). Ad portas de las elecciones más relevantes en la historia de Chile moderno, este contexto nos enfrenta, como izquierdistas chilenos de nuevo cuño, al desafío político más significativo: el legado político. Ante el poder económico reinante que sostiene a la derecha partidaria, nos toca de nuevo ir de menos a más, como la selección que hoy venció en la única competencia que le quedaba a esa potencia euroasiática en contexto de guerra. Les quitamos un invicto de años y, a la vez, los reconocemos frente a la injusta FIFA.

El juego de la selección chilena en las tierras de la madre Rusia caló más fuerte entre los jugadores locales, de semblante disminuido y cabizbajo, que entre los compatriotas que, liderados por Suazo, Tapia y Echeverría, mostraron orgullo deportivo. Sostuvimos un encuentro cuyo valor simbólico era quitarle el invicto a un país gigante, con posición imperial en la guerra y con una camada emergente de buen nivel.

No volvíamos a esas tierras desde la espléndida Copa Confederaciones de 2017, que anticipó lo que sería el Mundial de Rusia 2018, que Chile pudo haber disputado. En la copa de los campeones por continente, Chile perdió la final y luego vivimos un proceso de enfrentamiento social interno que derivó en una serie de elecciones que intentaron cambiar la Constitución, sin éxito. Después vino la pandemia y ese aislamiento que dañó a tantas generaciones en formación. Rusia, por su parte, se encuentra aislada deportiva y políticamente; su líder parece sostener con dificultad esta ambivalencia entre la OEA y China. El fútbol, que a veces expresa más de lo que debería, ya dio un adelanto de este conflicto geopolítico: la selección rusa jugará en el continente asiático para disputar un cupo al próximo mundial. Hoy, el árbitro parecía algo descolocado cuando Chile vencía a los rusos, que buscaban sostener su invicto ante 40 mil asistentes.

Hablando de fútbol, en el mediocampo Chile tuvo mejor desempeño, sumando a los delanteros como refuerzos, porque Rusia atacó con mayor ímpetu y agresividad, pero con poca categoría al salir desde el fondo. Hace unos días habían empatado con Perú. El gol de Tapia —quien pudo haberse ido expulsado— fue uno de los mejores en la cancha de Sochi por su sacrificio físico y su potencia al definir. En su gol, recuperó un jugador de Colo-Colo, asistió con calidad uno de Universidad de Chile y el ex cruzado definió con categoría. Con el movimiento del marcador para la visita, recordamos ese 1–0 que nunca se olvida: el “Partido Fantasma” o “Partido de la Vergüenza”, donde los soviéticos no se presentaron al repechaje en el Estadio Nacional de Santiago de Chile en 1973, entonces un centro de detención y torturas, a poco del golpe de Estado, un acto deleznable. Este partido tiene ese ingrediente especial: demuestra que el fútbol puede simbolizar algo más que un evento deportivo. Pienso que hoy nos hermanó, y el de hoy también.

Porque junto con Perú los reconocimos; le demostramos a la FIFA que ya es momento de revocar el castigo, luego de las tratativas de paz, igual que con Israel, que se ganó el premio a destructor del mundo con más de cien mil muertes en su Estado y aun así juega fútbol con su bandera en Europa. Ucrania es un país apoyado por la Unión Europea y Estados Unidos; el viejo continente tomó esa decisión que hace que Rusia mire hacia Asia como nuevo espacio competitivo, dejando a los europeos como traicioneros históricos. Desconocieron oficialmente a uno de los suyos. Ese viraje a Asia de los eslavos significa que, en la balanza internacional, el llamado Occidente está cada vez más disminuido frente a los asiáticos. Todo esto ocurre mientras en Chile algunos candidatos de ultraderecha apoyan posiciones ultranacionalistas que son justamente las que provocaron esta guerra. La candidata del partido comunista chileno tiene los ojos más puestos en el futuro que en el siglo XX. Nada bueno es el tener un país en guerra, en constante amenaza, pero se realizan estos eventos igual. Durante la transmisión hubo notorias interferencias sonoras debido a la red de control en las ciudades rusas, y tampoco se cae a pedazos.

En ese sentido, creo que este partido hermanó a dos expresiones de sociedades donde la clase trabajadora ha sido más influyente en el diseño del Estado que en otros lugares. En el lejano Chile una agrupación de obreros respondió al llamado a la revolución junto a las primeras células internacionalistas dirigidas por Lenin en contexto de la Revolución Rusa de 1917. En el eco de esa hazaña que acabó con una línea zarista nos encarma en el escenario ideal para hacer un punto deportivo, político y diplomático, justo en ciernes de una de las elecciones más relevantes del sistema político chileno: una propuesta de continuidad versus expresiones revisionistas históricas que quieren construir un nuevo dictador.

Quizás el triunfo de Chile hoy demuestra lo positivo de no tener un país en guerra, con su juventud militarizada, con una importante migración y con una desigualdad económica que hace evidente que Putin tiene mucho más de dictador que de demócrata en la centralidad moscovita.

Los goles se hacen en las urnas. Ojalá aprendamos del pasado y de las experiencias que desafían el intelecto. Los activos culturales deben defender la idea de que la estabilidad alcanzada hasta ahora debe protegerse. Para poder dar nuestra opinión sin miedo a un juicio injusto o a la impunidad de ser vulnerados, votemos por la candidata de los partidos que se enfrentarán con la lista C en el domingo más relevante del año.

Por Miguel Echeverría Madrid

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