Si existe algo que caracteriza a los escritores desde hace siglos –y quizás por eso son muy pocos en proporción al resto de la población– es el inconformismo. Es esa intrínseca voluntad de no aceptar la vida tal como se presenta ante nosotros, pasándonos por arriba como una fuerza que nos abruma y conduce irremediablemente a la insignificancia ¿Qué podemos hacer frente a esta fuerza poderosa e incontrolable que puede cambiar nuestros destinos en apenas segundos? No mucho. Sólo queda despotricar y alzar la voz. Ese grito desesperado que emana de nuestras entrañas y queda registrado en algún instante del tiempo es lo que podríamos denominar cuento.
Cuentos se han escrito millares y de todos los calibres. Cada tanto, reconocidas plumas nacionales se dan el trabajo de reunir aquellos textos en una antología, una suerte de muestrario de lo más representativo de nuestra producción narrativa. Entre ellos recordamos a Luis Enrique Délano, Nicómedes Guzmán, Luis Durand, Enrique Lafourcade, María Flora Yañez, Alfonso Calderón, Camilo Marx, Ramón Díaz Eterovic y muchos otros, quienes con ojo crítico, y de seguro con alguna una cuota de arbitrariedad, han preservado obras para la posteridad que merecían una nueva mirada de académicos y lectores de buen criterio.
El escritor y periodista Antonio Rojas Gómez se suma a esta lista de notables y presenta La vidriera irrespetuosa, antología de cuentos chilenos de ayer y de hoy publicados bajo el sello de editorial Forja. Estamos ante una obra, que según palabras del antologador, «contiene historias que constituyen un intento de respuesta ante preguntas que conmueven a sus autores. Siendo así, es inevitable que, de una u otra manera las temáticas se repitan a lo largo de generaciones». En este trabajo, por lo tanto, «intentamos encontrar respuestas distintas a inquietudes similares. Y eso es lo que diferencia a este libro de tantas antologías que existen de la breve narrativa nacional». Al usar el término «breve», se detalla en la obra que el primer cuento publicado en Chile pertenece a José Victorino Lastarria, se tituló «El mendigo» y data de noviembre de 1843, es decir, la historia cuentística nacional tiene apenas 183 años de existencia.
Cabe destacar, que el trabajo de Rojas Gómez se extendió por espacio de siete años, búsqueda que comprendió la selección de obras de los siglos XIX, XX y XXI bajo la premisa que debía tratarse de cuentos de calidad, que reflejaran el entorno en el cual fueron escritos y cuyo impacto traspasara la época de publicación. Para ello se formuló una pregunta clave ¿cómo enfrentan los mismos temas autores separados en el tiempo por cuarenta, sesenta, cien años o más? Así entonces, esta antología presenta temáticas esenciales en nuestras letras como el humor, el crimen, la vida rural, los militares, el amor, lo extraño, el colegio, el arribismo, el racismo, la ciencia ficción y la muerte. En cada una de ellas se incluyen obras de antaño y también de autores vigentes.
Este criterio de selección entrega una diversidad que enriquece al lector frecuente y curioso. Señala el antologador, «el resultado ilustra acerca de lo somos, fuimos y seremos los nacidos en esta tierra». De esta forma, encontramos obras de José Victorino Lastarria, Baldomero Lillo, Mariano Latorre, José Santos González Vera y Oscar Castro, por una parte, y por otra, de Rafael Maluenda, Teresa Hamel, Oscar Bustamante, Diego Muñoz Espinoza, Lucía Guerra, Darío Oses y Lina Meruane, por mencionar algunos.
Como lector no puedo dejar pasar la oportunidad para destacar dos extraordinarios cuentos incluidos en esta antología. El primero de ellos es «Paulita», de Federico Gana, una historia conmovedora publicada en 1916 que nos recuerda el amor de una madre por un hijo a pesar de todas las penalidades que este último hace vivir a su progenitora. El segundo es «Encuentro en Amsterdam», de Francisco Rivas, relato donde un padre y su hijo adolescente comen y conversan en un sencillo restorán de la ciudad holandesa y algo les llama la atención en una mesa cercana donde se ubican una madre con su hija. El final es sencillamente inesperado y gana por nocaut, como diría Julio Cortázar.
En definitiva, la obra presentada por Antonio Rojas Gómez es mucho más que un acierto literario. Constituye una obra que aporta significativamente a las letras nacionales porque brinda obras de calidad a los lectores exigentes (para paladear como un buen destilado de 20 o 30 años), pero además se convierte en una valiosa fuente de consulta y de investigación para nuevos trabajos de estudiantes, docentes y escritores. En ese sentido, el antologador emplea una frase notable para graficar su idea: «solo entreabrimos una puerta para que transite y avance nuestra cultura literaria». Qué más les puedo decir. Mejor aproximarse a esta vidriera, que no se si es irrespetuosa, pero si bastante valiosa.
Rodrigo Beraud Guzmán es periodista (UGM), Magister en Comunicación Estratégica y Responsabilidad Social (UNAB) y escritor. Se desempeñó en El Mercurio, Emol, revista Caras, departamentos de comunicaciones de entidades públicas y ha sido editor de revistas institucionales. En el ámbito literario ha publicado siete libros, desde el año 2001 a la fecha.
