Showoman: Carmen Gloria Bresky interpreta a una actriz que se niega a desaparecer
Hay algo profundamente teatral en una actriz que se niega a desaparecer. Sobre todo cuando el mundo que la rodea parece haber decidido que ya tuvo su momento, que la juventud quedó atrás y que los papeles importantes pertenecen ahora a otras.
Ese es el punto de partida de Showoman, el nuevo montaje de Los Contadores Auditores, que llega a MORI Recoleta con una comedia vertiginosa, cargada de transformaciones, música, baile y situaciones deliberadamente absurdas, pero que debajo de las risas instala una preocupación bastante más dramática: qué ocurre con las mujeres cuando el paso del tiempo comienza a ser leído como una amenaza para sus carreras.
Carmen Gloria Bresky interpreta a Gala Gonzalez, una actriz que conoció la fama cuando era joven y que, después de una serie de malas decisiones y del ascenso de su coprotagonista, comienza a quedar relegada a un segundo plano. El escenario que alguna vez fue suyo ya no parece necesitarla. Pero cuando todo indica que su carrera se encuentra en retirada, recibe una propuesta tan improbable como delirante: convertirse en espía para desbaratar una peligrosa mafia en el centro de la ciudad.
La premisa podría parecer simplemente el punto de partida para una comedia de aventuras. Sin embargo, Showoman encuentra allí una posibilidad mucho más interesante: hacer que una actriz vuelva a interpretar para poder sobrevivir. Gala debe asumir un nuevo papel, pero esta vez no para una película o una obra, sino para modificar el curso de su propia vida.
Y es precisamente allí donde el metateatro adquiere fuerza.
La obra habla del espectáculo mientras lo construye frente a nosotros. Los cambios de vestuario, maquillaje, pelucas y peinados no están escondidos detrás del escenario. Son parte del espectáculo. El público observa cómo los personajes se transforman y, al mismo tiempo, cómo los actores construyen esa transformación.
El resultado tiene algo de juego, pero también de declaración de principios: en Showoman, mostrar el artificio es parte de la gracia.
Carmen Gloria Bresky sostiene este mecanismo con una energía escénica notable. Su Gala González tiene algo de diva venida a menos, de mujer que se resiste a aceptar que el mundo ya no la mira como antes. Y ahí aparece una de las mejores capas de la obra: la comedia no se construye solamente a partir de que Gala haya perdido fama, sino de la incomodidad que provoca una mujer que se niega a aceptar el lugar que otros han decidido para ella.
La competencia femenina aparece entonces como uno de los motores más provocadores del montaje. La rivalidad entre actrices, el ascenso de una protagonista más joven y la permanente evaluación de sus cuerpos, apariencias y posibilidades profesionales permiten que la obra se burle de ciertos mecanismos de la industria del espectáculo sin abandonar completamente el trasfondo dramático.
Porque hay una pregunta que permanece detrás de las carcajadas: ¿cuándo una actriz deja de ser considerada protagonista?
La respuesta parece demasiado relacionada con la edad.
Y Showoman sabe explotar esa contradicción. Mientras la historia habla de una actriz que comienza a ser desplazada, el escenario se llena de vida. Hay más de ocho cambios de vestuario, transformaciones constantes, coreografías, música y un despliegue que por momentos parece interminable. Carla Casali y Rubén Aravena participan activamente de ese juego, convirtiendo sus propias transformaciones en parte fundamental del lenguaje escénico. Las pelucas de Casali y el maquillaje de Aravena no funcionan simplemente como elementos de caracterización: son acciones teatrales que ocurren frente al espectador.
Las coreografías de Ian Harting y la música de Juan Pablo Ortega terminan de darle velocidad a una puesta en escena que rara vez parece detenerse.
También hay espacio para una crítica bastante sabrosa a las producciones de bajo presupuesto, a las fórmulas chabacanas y a ese mundo del espectáculo que puede ser tan precario como fascinante. Showoman se ríe de sus propios recursos y de las dificultades del oficio, pero al hacerlo termina reivindicando algo que parece estar en el centro de toda la obra: el teatro como un lugar donde todavía es posible inventarse otra vida.
Y ahí aparece uno de los momentos más interesantes del montaje: el monólogo inicial.
La obra comienza prácticamente por el final. Hay algo en esa estructura que recuerda a ‘Crónica de una muerte anunciada’: conocemos desde el comienzo una parte del destino, pero la historia queda en suspenso porque lo que interesa es descubrir cómo se llegó hasta allí. La narración instala una suerte de fatalidad que contrasta con la energía cómica que vendrá después.
Pero antes de que lleguen las risas está la actriz.
El monólogo inicial permite apreciar una teatralidad mucho más desnuda, sin depender de la sucesión de vestuarios, de las coreografías ni del artificio. Allí Bresky demuestra una fuerza dramática que sostiene por sí sola el escenario. Y quizás sea ese momento el que mejor permite comprender qué hay detrás de toda la maquinaria de Showoman: una actriz intentando defender su derecho a seguir siendo actriz.
Porque la belleza que propone esta obra no es necesariamente la belleza de la juventud.
Es la belleza de quien permanece.
De quien ha pasado años sobre un escenario y todavía tiene algo que decir. De quien, incluso cuando el mundo del espectáculo parece haber encontrado un rostro nuevo para reemplazarla, se niega a aceptar que la historia terminó.
Showoman dura 70 minutos, pero su premisa podría quedarse bastante más tiempo dando vueltas: en una industria que parece obsesionada con lo nuevo, ¿qué hacemos con quienes ya tienen una historia?
Gala González encuentra una respuesta bastante sencilla: si todavía queda un escenario, todavía queda un papel.
Y mientras haya un papel, ella no piensa desaparecer.
Coordenadas
Lugar: MORI Recoleta
Temporada: 1 al 10 de octubre de 2026
Funciones: jueves a sábado, 20:00 horas
Entrada general: $15.000
Duración: 70 minutos
Edad recomendada: desde los 14 años
Ficha artística
Dramaturgia, dirección y diseño: Los Contadores Auditores
Elenco: Carmen Gloria Bresky, Carla Casali y Rubén Aravena
Coreografías: Ian Harting
Música: Juan Pablo Ortega
Por Miguel Echeverría


