¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE AMOR?

Por su décimo aniversario, se volverá a proyectar Your Name en el cine, una de las películas más populares de anime de los últimos años. Más allá de la cantidad de reestrenos que hemos visto últimamente (una tendencia que a mi juicio está fuertemente relacionada con la desvalorización de la creatividad y con la creciente presencia de las lógicas de mercado en el cine moderno), la noticia me emocionó. La primera vez que la vi recién comenzaba a sanar las heridas que me dejó una relación catastrófica, por lo que la decepción era lo que primaba en mi concepción del amor. Esta hermosa película, pese a todo, me hizo volver a creer en la posibilidad de amar y ser amado.
Your Name (Kimi No na wa), estrenada en 2016 y dirigida por Makoto Shinkai, se convirtió en uno de los mayores fenómenos internacionales de la animación japonesa. La película logró conectar con personas que no suelen seguir el género, y aunque no tengo certeza del por qué, creo que tanto su trama como su propuesta audiovisual contribuyeron a convertirla en una obra capaz de trascender al público habitual de anime y alcanzar una difusión más amplia.
Kimi No na wa cuenta la historia de Mitsuha, una adolescente que vive en un pequeño pueblo de montaña, dentro de una familia profundamente arraigada a las tradiciones japonesas, y la de Taki, un estudiante común de Tokio. Un día, sin explicación aparente, despiertan en el cuerpo del otro: Mitsuha en el cuerpo de Taki y Taki en el cuerpo de Mitsuha. Lo que comienza como un juego de enredos y confusiones, rápidamente se transforma en una reflexión sobre los lazos que nos unen a otros y sobre la fragilidad, pero también la resistencia, de la memoria.
Para escribir esta reseña volví a verla. Esta vez no me removió tanto como la primera vez que la vi, y es que el tiempo no transcurre en vano. Sin embargo, esta vez la película me removió desde un lugar distinto. Si bien en una primera instancia me ayudó a recuperar la esperanza en el amor, esta vez me hizo cuestionarme qué significa, verdaderamente, amar a alguien.
Esta pregunta parece sencilla hasta que intentamos responderla. Raymond Carver, un autor que admiro en demasía, publicó originalmente en 1981 ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? En sus diferentes cuentos, el escritor mezcla el amor con violencia, con dependencia, con resentimiento y celos. Sus personajes muestran lo contradictorio y lo bajo que se puede caer cuando se ama. No hay grandes promesas de eternidad: hay ruina, deseo, miedo y frustración. ¿Amor? sí, pero en su forma más humana.
Ahí radica precisamente lo mucho que llegan sus escritos. El amor que describe Carver resulta reconocible porque se parece al amor que conocemos en la vida cotidiana: imperfecto y a veces profundamente tóxico. Sus relatos incomodan porque nos recuerdan que amar no necesariamente nos hace mejores personas. No hay cuentos de hadas ni finales felices, nos muestra lo miserables que podemos llegar a ser cuando nos entregamos a otro.
Your Name viene de un lugar completamente distinto. Todo en la obra de Makoto Shinkai atenta contra el desencanto: nos presenta un amor puro y desinteresado, que resiste al tiempo y a la distancia. Nos muestra que existe algo capaz de mantener unidas a las personas inclusive cuando todo está en contra.

Esa idea está contenida en uno de los conceptos fundamentales de la película: musubi, término que refiere simultáneamente a atar, unir y al fluir del tiempo. La abuela de Mitsuha lo explica de esta manera:
«Musubi es la antigua manera de llamar al dios guardián local. Esta palabra tiene un significado profundo. Anudar un hilo es musubi. Conectar a las personas es musubi. El fluir del tiempo es musubi. Todas estas son manifestaciones del poder del dios. Por eso, los cordones trenzados que hacemos son obra del dios y representan el flujo del tiempo mismo. Convergen y toman forma. Se retuercen, se enredan, a veces se deshacen, se rompen y luego vuelven a conectarse. Musubi: anudar. Eso es el tiempo».
Aunque lo que intenta señalar la abuela de Mistura está más bien ligado al sintoísmo, en este ensayo me limitaré al tema en cuestión, a saber, el amor. La idea del hilo y sus entretejidos, y la forma en que nos vemos unidos a otros en redes trazadas por el «poder de dios», nos plantea diferencias importantes con la idea contemporánea de las relaciones que establecemos con otros. Es bastante más hermoso el concepto de musubi que lo que les voy a exponer a continuación, pero para saber apreciar la belleza de esta idea, hay que conocer su contrapunto, y qué mejor que la sociología para ponernos pesimistas.
El sociólogo Zygmunt Bauman habla del amor líquido para describir la fragilidad y volatilidad de estos lazos, los que son, según la tesis del autor, fáciles de establecer y de deshacer. Su planteamiento apunta a una tensión: al mismo tiempo que anhelamos vínculos sólidos, buscamos conservar la libertad de romperlos fácilmente. El argumento de Bauman no es que las personas simplemente no quieran comprometerse, sino que apunta a un conflicto estructural: las condiciones en las que vivimos hacen que la permanencia resulte cada vez más difícil de sostener. El problema no es únicamente nuestra predisposición individual a comprometernos, sino las condiciones estructurales en las que intentamos construir estos vínculos.
Desde esta perspectiva, Your Name puede leerse casi como una fantasía de permanencia: la representación de un vínculo que logra mantenerse firme a pesar de las circunstancias, el tiempo y el olvido. En un mundo de conexiones líquidas, Shinkai nos propone precisamente lo contrario: un amor que no se deshace cuando las condiciones cambian, sino que parece encontrar en el paso del tiempo una razón más para persistir. Pero la fragilidad de los vínculos no es la única transformación que ha experimentado el amor contemporáneo: también han cambiado las condiciones bajo las cuales entablamos nuestras relaciones.
Una de las autoras más relevantes en el entendimiento sociológico del amor es Eva Illouz. Su tesis principal es que las propias condiciones sociales de la modernidad han transformado tanto la forma en que elegimos, deseamos y sufrimos el amor. Para ella, el amor está sometido a una gran incertidumbre asociada a la elección: hoy tenemos más libertad para escoger una pareja, pero esa libertad implica evaluar al otro. La persona amada deja de ser necesariamente alguien que aparece en nuestro camino. El destino pierde terreno frente a la elección: ya no hay un hilo que nos conecte con otra persona, sino una decisión que tenemos que justificar: ve cómo se integran de las lógicas de mercado en nuestros vínculos. La búsqueda del amor para Illouz es una experiencia agonizantemente difícil, lo que la convierte en una de las autoras menos románticas que he leído en mi vida.
Otra forma de entender el amor moderno la plantea Byung-Chul Han. Mientras Illouz nos muestra cómo la elección amorosa es atravesada por la incertidumbre, la comparación y las lógicas de mercado, Han pone el foco en una dimensión relacionada pero diferente: nuestra dificultad para coincidir verdaderamente con el otro. Para él, vivir en una sociedad excesivamente centrada en el yo, hace que resulte cada vez más difícil encontrarnos con la alteridad. Han piensa que una sociedad narcisista puede terminar convirtiendo las relaciones en un espejo: nuestra elección confirma nuestra propia identidad. Desde esta perspectiva, también se vuelve difícil sostener la idea de los hilos entrelazados: mientras Your Name imagina el amor como el encuentro con alguien que nos conecta con algo que nos trasciende, la sociedad contemporánea, según Han, parece empujarnos a buscar relaciones que simplemente nos reafirmen.
Frente a todas estas formas de entender el amor contemporáneo, Your Name es una suerte de rebelión. El musubi representa un vínculo que no depende de la conveniencia ni de la semejanza: nos conecta con personas que no conocemos y que ni siquiera hemos elegido. Frente a la fragilidad de los vínculos de Bauman, ofrece permanencia; frente a la elección y la evaluación de Illouz, destino; frente a la dificultad de encontrarnos verdaderamente con la alteridad, ofrece un encuentro con alguien que nos transforma. Lo que existe entre sus protagonistas es un vínculo que precede al encuentro y muestra una conexión que persiste incluso cuando la memoria desaparece.

La ausencia es, de hecho, constitutiva de la película: Mitsuha y Taki tienen permanentemente la sensación de que algo les falta, pero no saben qué es. No les es posible nombrarlo. Kimi No na wa es una frase que queda abierta: «tu nombre es…». La búsqueda de los protagonistas es precisamente esa: entender su sensación de ausencia, recordar lo que olvidaron y, finalmente, darle nombre a eso que tanto extrañan. Porque nombrar algo a fin de cuentas es reconocer que es: le da identidad, le da realidad a lo abstracto, a lo que existe, pero no existe aún.
Es difícil hacerle justicia a esta película en un texto tan breve. Con una propuesta visual extraordinaria y una de las mejores bandas sonoras que conozco, Your Name ofrece una pequeña luz de esperanza en este mundo que muchas veces parece tan oscuro e interesado. Aunque no sé si creo realmente en el destino, y tampoco sé si existe un hilo que nos conecta inevitablemente con otra persona, sí creo que hay relaciones que se sienten predestinadas: resisten al sentido común, al tiempo y a la ausencia.
Tíldenme de romántica, pero elijo y me quedo, definitivamente, con la oda al amor que representa Your Name.
