Poesía. Ioana Cecovniuc (Rumanía)

 

EL RONDEL DEL ORGANILLERO

Organillo sonoro de la música vieja,

¿qué poema doliente se estremece en tu voz?

(Romeo Murga – El organillo)

 

Así cantaba en la soledad del día un organillero

de hojas sin esperanza la incruenta música,

el engarce a un pulso sordo, marrullero

condensaba de neón toda luz impúdica.

 

Traía su historía desde el fondo de un cillero,

un almirez donde pistar la batahola, la fe púnica.

Así cantaba en la soledad del día un organillero

de hojas sin esperanza la incruenta música.

 

Quizá, algún día, ose… una glosa lúdica

y contrariar el mundo, apolíneo mallero,

como cedro del Atlas, con su vena, con su túnica.

Zarapito tronador, lejos del infinito barullero,

así cantaba en la soledad del día un organillero…

 

EL RONDEL DE LOS DEDALES DE ORO

 

Alambrados, ruedas, paraderos y los dedales de oro

en el paso a un volcán se rebelan en antítesis naranja:

¿de quién la presencia y una voz que salte y que tanja

la belleza desalada – su monzónico esporo –

 

y la alegría a pesar de todo como flameada franja?

Vituperios, corruptelas, artificios con capa de coro,

alambrados, ruedas, paraderos y los dedales de oro

en el paso a un volcán se rebelan en antítesis naranja.

 

Aparentan la evasión, el sueño guitón en una granja

de ceratias – sus luces, una ménsula de vida y decoro

por los cimientos de una larga e impalpable zanja.

Desplazamiento previsor y son de la memoria aforo

alambrados, ruedas, paraderos y los dedales de oro.

 

EL RONDEL DE UN LLAMADO

 

En la esquina de una plaza se oía un llamado:

serenos iris tremolaban su cárdena sonrisa,

las mañanas enmelaban corriendo y deprisa,

exhalando entre sombras un delito precintado.

 

De paso, el viento y un ave en cadencia remisa

reposaban los latidos en el aire amurallado,

en la esquina de una plaza se oía un llamado:

serenos iris tremolaban su cárdena sonrisa.

 

Y permanecer allí era una aspiración precisa,

por atrás las dudas, de los miedos el tinglado,

la reclusión de la ternura, su posada indecisa.

Almario de vida, de recuerdos, de un decorado

en la esquina de una plaza se oía un llamado…

 

EL RONDEL DE UNA MARGARITA

 

Con el amarillo del sol se confía una margarita

de gorgorán sus pétalos, de la hermosura despilfarro.

Una cámara anacoreta que un clic dispara y crepita,

hagiógrafa de la memoria, de un matiz a bocajarro.

 

Escondidamente retiembla una rayuela fortuita,

del tiempo se aspean tantos pies y un guitarro.

Con el amarillo del sol se confía una margarita

de gorgorán sus pétalos, de la hermosura despilfarro.

 

En la corola el corazón, un resorte o un guijarro,

el juicio perturba por la pista de una luz proscrita.

De lejos, de muy lejos las huellas de todo barro

y vida y milagros y como una meiga chiribita

con el amarillo del sol se confía una margarita.

 

EL RONDEL DEL TERCIOPELO, FLOR DEL JOTE

 

Balada vegetal, el terciopelo, cristalizado hechizo,

de la cama radicular de ocres arenales se eleva,

la brisa hermana al salto y encaje del verde cenizo

lo bambolea hambrienta, con dedos de tinta nueva.

 

Desgarradura estelífera sobre este rostro terrizo

que se desmenuza ante la agilidad del mar de leva,

balada vegetal, el terciopelo, cristalizado hechizo,

de la cama radicular de ocres arenales se eleva

 

y baila para las miradas y baila para que llueva

y se encalambre el mundo de un primor castizo,

del veludo alto que su alma la retoña longeva.

El cielo y los zopilotes y por un sendero pasadizo

balada vegetal, el terciopelo, cristalizado hechizo.

 

EL RONDEL DEL AMANCAY, FLOR DE SAN JOSÉ

 

Pétalos libres, en el rubio del amancay constelado

yace lo eterno del éxtasis – ¿cómo seguir respirando?

Fosfenos en los ojos, por el aire vuelan depurando

el sentido una deidad y su lazo de un fauno amarillado.

 

Hacia reflejos de olas llorosas un corazón perorando

iba en busca de una flor, rama tupida, porte melado.

Pétalos libres, en el rubio del amancay constelado

yace lo eterno del éxtasis – ¿cómo seguir respirando?

 

Un desierto recomienza centillos de luz evaporando

y entre sus cerros se instala un bululú sereno, celado,

y entre sus huellas un ave, las nubes desdorando.

Ni lejos, ni cerca las gotas de sangre, del rocío helado,

pétalos libres, en el rubio del amancay constelado.

 

EL RONDEL DE VICENTE

 

Un niño, clavando la mirada, a mis manos se acercaba

y una uña me pedía, del vivo carmesí pintada.

¿Es toda tuya? – con tenaz candor me cuestionaba

y me sonreía, una rosa en su esencia grada a grada.

 

Con los dedos de las auras y del ímpetu me esperaba,

una respuesta, una entrega sin ninguna duda apenada.

Un niño, clavando la mirada, a mis manos se acercaba

y una uña me pedía, del vivo carmesí pintada.

 

Más tarde, por un viejo árbol, de hoja asilvestrada

el niño, un micho dulce, el mundo entero olvidaba,

las hierbas del jardín en catálisis aceitunada.

Del recuerdo una luna y el cielo que mi alma azulaba:

un niño, clavando la mirada, a mis manos se acercaba.

 

Ioana Cecovniuc: docente universitaria en el marco del Lectorado Rumano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile (Santiago de Chile). Ha publicado poesía en las revistas de arte y literatura Montaje (Chile), Crisopeya (Colombia), Alborismos/Antología Los Herederos del Parnaso 2022 (Venezuela), Diversidad literaria (España), Yoveraqué (Perú). Igualmente, traducciones de poemas del español al inglés en Crisopeya (Colombia), del español al rumano en Via Rumania Cultura (Rumanía) y del rumano al español en Montaje (Chile). Premio internacional y diploma de honor en el XI°/XV° Concurso Natalicio de la poetisa nacional Ermelinda Díaz, Quilpué, Chile (2021/2025).

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