EL RONDEL DE UN CUADRO DE ANTAÑO
Entre acacias de oro había franjas de un mar soleado
y hadas gentiles bailaban sueños borrachos de amores.
Crepitaban en las sendas, un deseo se había ideado,
en la copa volátil de una sonrisa candentes rumores.
Cautivos del ojo del viento se oían vítreos humores,
no sabían de un cuento por largos ríos bordeado.
Entre acacias de oro había franjas de un mar soleado
y hadas gentiles bailaban sueños borrachos de amores.
Pero, un día, se acopló al mundo un carrusel de temores,
empujaba en carros de alto fuego un tiempo mareado,
detrás de las miradas rayaba la luz juegos sin primores.
Tan gélida ahora la lluvia, tan lejos el ave y su alón caldeado,
entre acacias de oro había franjas de un mar soleado.
EL RONDEL DE LAS CASTAÑAS
Encerradas en su tierno, tierno erizo
las castañas, a veces, se dejan esperar.
Son tan hermosas al premeditar
su forma, su color, su perfume huidizo.
Suavemente, luego, se entrevé blanquizo
un mágico destello listo a volar.
Encerradas en su tierno, tierno erizo
las castañas, a veces, se dejan esperar.
Dormido en el suelo el zurrón cenizo
te llama y es fácil acariciar
las púas casi blandas, a medio quemar.
Las castañas aún palpitan, ritmo escurridizo,
encerradas en su tierno, tierno erizo.
EL RONDEL DE LAS MAGNOLIAS
Entre magnolias se ve el firmamento feliz,
atisbos rosáceos se cuelan por las rendijas
de altas y serenas coronas, imborrable tapiz
que lo amparan del olvido fieles clavijas.
Rellenan las calles y son las sortijas
que exhalan belleza, desprendido tamiz.
Entre magnolias se ve el firmamento feliz,
atisbos rosáceos se cuelan por las rendijas.
Componen un bodegón de soberbias botijas,
confundido con los pétalos, el digno chamariz.
Detrás, en la neblina, aquel vaivén de baratijas
se tacha con una pincelada de dura cerviz.
Entre magnolias se ve el firmamento feliz.
EL RONDEL DE UN AMOR SIN VUELO
Descalzo, el amor se ha quedado a vivir sus vacíos en un tonel,
un campo de escarcha la distancia, por un tijeral atirantada.
Sobre indómitos monasterios de pumita la ausencia renovada,
los labios de la herida: arcos moldeados de un virgen cincel.
Mas nada obsta para que los ábregos sigan de largo, anieblada
la chispa marinera, fraguaban corazonadas con pegajoso cordel.
Descalzo, el amor se ha quedado a vivir sus vacíos en un tonel,
un campo de escarcha la distancia, por un tijeral atirantada,
ensayando un gobernalle hacia rayitos de esperanza en la alborada,
renunciando por un beso en la frente, en las aguas de un vergel,
a la piel de la noche, al parpadeo de un salto, su tiara acorralada.
De un idilio las reminiscencias conforman el roto carmín de un clavel,
descalzo, el amor se ha quedado a vivir sus vacíos en un tonel.
EL RONDEL DE UN BESO AÑORADO
Lo llamaba para que me diera un beso,
su trote era alegre y tan ligero,
su negro hocico húmedo y lisonjero,
así esa mirada suya de brillo espeso.
Sueño con su ternura, el imposible regreso
transforma el tiempo en largo agujero.
Lo llamaba para que me diera un beso,
su trote era alegre y tan ligero.
La lluvia ostenta un ritmo firme e intenso,
envuelto el aire en un círculo brujero
recojo aún una castaña siena aguajero.
En el alma aletea mi amor herido, preso.
Lo llamaba para que me diera un beso.
EL RONDEL DEL COLOR DESAHOGADO
Rasga el sol impermeables tapices desahogando el color
por barandales de nubes, acérrimo e inmortal
el baile eremítico de un pez bandolero, su largo recital
magnetiza el celaje, del mar el medroso temblor.
A la belleza clemente del junquillo es conjuntivo el error
marcado por una delgada ola de espuma orquestal.
Rasga el sol impermeables tapices desahogando el color
por barandales de nubes, acérrimo e inmortal
bajo un toldo que no se ve el ábside de luz autumnal.
Restos de arena se incrustan en el mullido espesor
de un lienzo que ostenta la blancura de un caballo artesanal
y cuando la luna se va para desenterrar su torpor
rasga el sol impermeables tapices desahogando el color.
EL RONDEL DE LAS CIUDADES CON MUCHO, MUCHO ENCANTO
Hay estas ciudades con mucho, mucho encanto,
en el aire se respira el perfume de la poesía,
por las calles, incitación a dar una larga travesía,
los corazones se abren ante el suspiro y el llanto.
En la hojarasca cruje el amor, el intocable canto
por los senderos abrazado con la clara fe y cortesía.
Hay estas ciudades con mucho, mucho encanto,
en el aire se respira el perfume de la poesía.
Libres de las rapaces garras, del glotón amianto,
se alegran del aroma plácido de la ambrosía,
en lo alto una nube deambula y ansía
olvidarse del movimiento débil y taranto.
Hay estas ciudades con mucho, mucho encanto.
Ioana Cecovniuc. Docente universitaria en el marco del Lectorado Rumano de la Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile (Santiago de Chile). Ha publicado poesía en las revistas de arte y literatura Crisopeya (Colombia), Alborismos/Antología Los Herederos del Parnaso 2022 (Venezuela), Diversidad literaria (España), Yoveraqué (Perú). Igualmente, traducciones de poemas del español al inglés en Crisopeya (Colombia) y del español al rumano en Via Rumania Cultura (Rumanía). Premio internacional y diploma de honor en el XI° Concurso Natalicio de la poetisa nacional Ermelinda Díaz, Quilpué, Chile (2021).

Maravillosos rondeles, donde destacan la sensibilidad lírica y la elegancia compositiva.
Esta modalidad poética, que nació en Francia, se hizo conocida en Europa en el Medioevo.
Es un placer leer rondeles de buena pluma. Alexandru Macedonski, autor rumano de connotados rondeles, cuenta con una excelente heredera.
¡Felicitari!