Poesía. Diego Arévalo

 

Pensamientos cotidianos

fuego de hojarasca
de pisadas imposible
cruje como la risa moliéndose
acaso bramando dolor
contra la calle escabrosa
y bramando el odio su dueño escupe sangre
escupe su odio vivo de fuego
o de cantos de hechicería
o quizás un odio o una risa de mentira
o una carcajada de perversión
o delirantes insultos contra la moral
o el incendio de la tradición con una bomba termobárica

o quizás esa hojarasca de fuego
es la psicosis de un individuo llámese Pedro Juan o
quizás es una conquista del sol en el otoño y el invierno
porque la simiente de su carne se riega como la sombra
sobre los ojos cansados de los árboles
que cayeron en el viento de la muerte
y si debe decirse algo aquí
es que el fuego se toca pero no se mira
porque mirar es traducirlo en palabras
y eso no existe en el mundo de las cosas

 

Lamida

el esfuerzo de las mandíbulas
apoyadas en la espada del cansancio
reposando todo el peso de los cuerpos
en el marco en que los dientes se afirman

duele porque es un latigazo
en la lengua de corriente continua
o de ácido o saliva o lágrimas de mariposa
o el sebo de los folículos pilosos enfermos
que ágil revienta en el aire o en la piel
y dado que la muerte
que nace en la garganta
es hielo en el agua
se mimetiza con la lengua ya muerta
en la estrofa anterior por el dolor
y la sana le hace curación
y mientras le hace curación de aliento
de vómito que surge por la boca
le dice la lengua la lengua
le dice que busque lo necesario
le dice eso que busque la necesidad íntima suya
de las membranas plasmáticas ajenas
en tonos como lo profundo
de tierra húmeda con su aroma de la parra que en ella
crece para fermentar el vino
sangre ardiente
refrescante de la piel de sus dolores
de ardores o quemaduras rabiosas del sol
en paseos estudiantiles

entonces solo se hace posible
la distensión que libertaría la boca
para decir la poesía la poesía para declamarla
encima de un teclado mecánico cuyo sonido de tecleo
vaya al ritmo de los versos
cuyas letras tecleadas rimen
con las últimas sílabas de esos versos
besando la piel ajena
dejando que la muerte se asome por la puerta
para que habite otro cuerpo otra existencia
y así pueda dañarse a sí misma
sintiendo lo último palpable
la sensación de que es posible morir
acaso de que estamos vivos

 

Viernes Santo

para qué vamos a hablar
de cosas que ya no existen
Daniel Toro

ya no tomo cerveza con tanto entusiasmo
para que se desprenda de mi rostro sollozante
de amargura y sed y pena y ojos que secan la vida
deshidratando la cordura con violencia

recuerdo la promesa que nos hicimos
en ese altar nauseabundo de la droga
y del cirio que humeó
la noche de algún Viernes Santo
cuando aprendimos la imposibilidad

hoy te celebran la vida
los latidos del corazón
creciendo quizás donde
bombeando la sangre
de un latigazo del Cristo
hacia un relicario o algo
un tubo de ensayo
unas manos formando un cuenco

quizás mancha la sangre mi cara
diciéndome aquello que me dijiste
la noche esa de Viernes Santo
que soy esto y lo otro
el camino la verdad y la vida
¿Por qué he de morir?

enfrentado a la navaja
que esgrime Satanás como su lengua
forjada en la fragua de la inopia
pues la memoria de pobreza es cárcel
para la voluntad el deseo la capacidad
de saquear en correrías al misterio
recurro a tu sacro manto de claridad
quiero saber quiero saber señor
en qué momento debo contragolpear
la puñalada del Adversario
que mintiendo mis lágrimas escurre
como si a cuchillo hiciera cortes sin sangre
llenos de sales como la herida
del romano a las costillas tuyas
quiero saber
quiero saber señor
lo vital
me lo dirías
entre empastes de cuero y pan de oro
o entre cartones amarrados con nailon
me explicarías como resistir la cuchillada
quiero saber quiero saber señor
cómo asir la empuñadura de mi suerte
me mostrarías la esgrima de mis intuiciones
lo harías lo harías con la verdad por delante
acaso me enseñarías a cortarle la garganta?

 

Adormidera

flotando sobre un recuerdo de paños purpúreos
bailan Heliogábalo y Sardanápalo
con los ropajes raídos
vociferando estruendos
¡ahogándose en el cadáver del tedio!

Heliogábalo es dios
y Sardanápalo le reza
un rosario de perlas negras
sostenido en su mano izquierda
y en su antebrazo que lleva tatuado un banquete
de vino carne asada frutas de colores
sabores de humo y romero
orientales especias
la rama de la vid exprimida por los pies de las bacantes
y el azúcar del opio inhalado en pipas largas
labradas en oro bruñido
como los cabellos de los bárbaros
y en su mano derecha
lleva juguetes de cristal
refractarios de la luz profunda del sol
contemplándolos como a la verdad
con fuerza mandibular sobre los pezones
odiosa
por nacer bajo el yugo de la rectitud

el odio odio ¡odio!
se desmigaja entre las manos de los danzantes
cae regándose sobre la tierra
para que broten plantaciones de adormidera
llenas de la sustancia seminal que secreta
y sobre una de ellas se instalan en el centro
el de la flor más grande
que se abre y se incendia
es el último himno de la bacanal

Heliogábalo proyecta un sofoco de pétalos
mientras Sardanápalo escucha definiciones
¡son las voces que lo empujan a morir!

las cenizas contenidas
en un ánfora cineraria sin techo
despiertan olfativas experiencias
que se exhalan del recuerdo frenético
y se recogen sorbidas por la boca del emperador
despertando las voces hipnagógicas
que derraman sangre sobre el oro
desvencijando al goce con la muerte
mientras los juguetes de cristal
quebrados
van cercenando los dedos
y el absurdo oro de los anillos
¡restalla en las baldosas de mármol
mientras llueve sangre sobre ellas!

 

Diego Arévalo es poeta de La Serena, Chile. Está a punto de publicar el poemario Alameda umbría, donde se exploran temas como la enfermedad psíquica, la marginalidad, la pobreza y la soledad. Su poesía se configura como un nudo que sostiene todo lo que existe en la persona, como expresión de algo que es imposible decir de otra forma. Utiliza un lenguaje cargado de ornamentos, en formas barrocas que tratan de recargar al máximo los versos, de sentido y forma, para lograr el velo de aquello de lo que se habla. Todos los poemas que están en esta selección pertenecen a un trabajo inédito denominado Asfixia severa.

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