Poesía. Matías Ignacio González González

 

DE SOMBRA Y RÍO

I

Sutil aroma de mujer eterna,
Suelta ya de mis pensamientos tu mirada
Aparta el seno de mi reposo.
¡Gime el erudito del olvido para la caverna!

Habita el bosque del silencio alguna vez
¡Pierde ya tu esencia en mi andar!
Si tan solo te fueras,
Parecería que habría más libertad en el ser.

Son, un son,
De sonidos lejanos que revolotean en mi sien
Como pajarillos de carroña que buscan el desdén que nunca muere.
Las voces, las voces ya abruman el camino futuro del hombre.

¡Vete! – diría mi boca
Mientras sé que el alma conoce la mirada lastimera de la idea de amor.

En congoja corre la esperanza ciega de no olvidarte,
En las horas del tiempo para ir a buscarte
Y encontrar tu rostro fragmentado,
Tal cristal errante en infinidad de unidades.

¡Habrá atisbo de amor!
Los cristales rotos, son estela del dolor
Son huellas del ayer olvidado.
¿Habrá ilusión en esperar alguna sorpresa del futuro
en el pasado?

 

II

Miro el mundo girar, miro el cielo y el mar.
Absorto y devoto del mal.
Soy hombre, penumbra de carnalidad.
Mas, ente soy, lleno de arte.

Soy un verso sencillo,
De objeto dispuesto a morir
Entre el oro inerte, las flores son mi parte.
Cuando pienso, siento.
Del amor me enciendo.
Aunque en la mente nacen los lamentos
Del aire impoluto, tu nombre es incienso.

Son humos de culpa humana
Los que circundan al hombre,
Yo, amante de la vida.
Miento.

Si la sombra no existiera
El descanso del árbol rehuiría
Y si el espectro del pasado huyera,
Con él se iría el descanso de tu nombre.

Te olvido,
y soy especie vil
Pero mis ojos te habitan, mujer.
Y ya duelen de querer tenerte.

 

III

Abismo de mi sueño inquieto
Paredes de ruido interior
Dan señales de nuestro encuentro eterno.

¿Oh, qué esperas?
¿El silencio del rito romántico?
Fue fugaz
– intercepto-
Aquel único momento.

¿Pero?
¿Qué esperas, alma sinuosa?
¿Qué te busque?

Y en tornado te vi, tan experta en daño
Mirada de mil años.

El compás giró y tornó el sueño.
Ahora eres desconocida.
Tus ojos familiares miré.
Abrupta,
Extraña
sin nombre.

 

IV

Estancia letal, es el recuerdo real
Todo de ti espero olvidar
Aunque sé qué con ello, el arte de amar se irá.

¿Qué habremos de querer por única vez estando vivos?
Si el cauce fluirá para llegar al mar,
En él te irás, la cárcel del amor espero quemar.

No odio tu nombre,
Odio lo que me hiciste siendo solo un hombre.
Aunque el río sequé, y las piedras deba tocar
Y el bosque secar, entiendo que la quimera de amarte es irreal.

¡Te libero!
Ahora libérame tú de este mal.
Cual araña las redes hiciste tu hogar
Tus hilos son mentiras y sogas
De fatal final.

Corre, corre el río de ilusión
Corre, corre el sueño juvenil
Corre, corre para olvidar
Y el cauce vuelva a su lugar.

 

Matías Ignacio González González es docente y escritor chileno. Su obra literaria se centra en la memoria, el sueño y el amor, explorando las tensiones entre el recuerdo y el olvido. Ha participado en convocatorias y proyectos independientes de difusión literaria.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *