Reseña teatral. Bestia por Bernardo Martínez Vecchiola

 

Cosa rara, ayer fui a ver una obra de teatro sabiendo poco y nada del tema y los actores involucrados. Me considero un espectador de cierto temperamento y no sabía con qué me iba a encontrar. Después de haber visto el mes pasado un clásico de la dramaturgia universal con una inconducente estética pop, iba preparado a todo, y por contradictorio que resulte, expectante de ver con qué me iba a encontrar.

Antes del espectáculo nos encontramos con un grato y piola espacio donde se nos ofrecía tecito a piacere en unos pequeños y monos vasos plásticos. Yo feliz. Soy un bebedor impenitente de esa infusión y se agradecen estos detalles cálidos. Después de unos minutos (la función partió con algo de retraso), antes de entrar a la sala que se inaugura precisamente con esta muestra, la directora de la obra saluda a quienes estábamos congregados y nos da un esbozo de lo que vamos a ver contándonos que «Bestia» es un trabajo que se nutre de las artes marciales y es una puesta en escena que emana como resultado de una residencia en la que el grupo habría realizado un trabajo de experimentación escénica. Esto era pues, lo que nos aprontábamos a ver en esta nueva sala que se levanta en la calle Girardi, en el concurrido y taquillero barrio Italia.

Arranca la presentación con audios de personas que dan sus opiniones en torno a la palabra bestia para luego pasar a unos textos que se proyectan al fondo del escenario, también en torno al concepto de bestia y sus connotaciones negativas. Esa es la pregunta en torno a la cual va a girar la pieza: ¿qué es ser bestia?, ¿qué es ser humano?, ¿qué es ser normal? Desde ya en el inicio la obra nos sitúa en un tono particular y nos invita a ver algo diferente, algo que la directora y las actrices nos proponen recorrer suave y parsimoniosamente. Los textos proyectados nos van a acompañar también a lo largo la obra a modo de títulos y ciertas contextualizaciones, siendo uno de sus momentos más logrados en los primeros minutos, cuando se proyecta la palabra Bestia en el centro mientras una mujer atraviesa el escenario, en una suerte de prólogo e inicio muy cinematográfico.

Lo que presenciamos es una suma de cuadros de teatro físico y gestual muy limpio y delicado- sin llegar a niveles de virtuosismo- pero mostrando un trabajo suave, sutil y de mucho control y rigor profesional. Hay diversos juegos con elementos donde se muestra un logrado manejo y colonización de objetos tales como un espejo (este cuadro nos pareció de un muy buen nivel, tanto estético como en cuanto a posibles lecturas), y también se exhibe una gestualidad de una cuidada neutralidad y sobriedad. Solo pequeñas y contadas imperfecciones se observaron en el trabajo corporal; lo mismo podemos decir en cuanto al uso de las máscaras.

La música destaca como parte de la puesta resultando muy efectivas las elecciones de música clásica y los cantos orientales, contribuyendo a una puesta en escena sui generis, contemplativa e hipnótica. Una de las intérpretes en escena aporta al espectáculo con cantos de exóticas melodías muy en consonancia con la musicalidad de la obra. A nuestro juicio el tono, el tenor, el ritmo parsimonioso y sin quiebres, logra sostenerse de manera sólida y consistente a lo largo del montaje. Efectiva resulta también la iluminación, sencilla y minimalista; de igual manera el vestuario, acorde con la textura oriental de la muestra.

El momento más emotivo del trabajo a mi parecer es en la escena más concreta y menos poética, digámoslo así, donde somos testigos del tironeo que ejercen los cánones de belleza sobre la persona y como éstos tensionarían a la mujer, al punto a veces de quebrarla dramática e irremediablemente, como se observa en algunas esferas del quehacer actual.

Mis únicas reservas en cuanto a la función que vi, son dos: una escena del tramo final donde las tres actrices despliegan un juego corporal que juzgo por momentos disonante e innecesario en relación al tono, la sobriedad y la contención general de la obra, y, un final de textos que se proyectan en la pared de fondo, donde se nos da una suerte de corolario muy masticado y servido, rondando la moraleja que a mi parecer resulta superflua.

En resumen, un trabajo de buen nivel, que promete, y presenta a tres actrices y una cantante haciendo gala de solventes recursos escénicos. Una puesta en escena que muestra un lenguaje bastante coherente con una cuidada dirección que indaga en torno al concepto de bestia en clave de teatro físico y gestual, donde salvo en las excepciones mencionadas, se agradece y se celebra la sobriedad, la parsimonia y la suavidad en el tratamiento del tema, en medio de tanto ruido y furia, y tantos excesos de todo tipo que vemos en nuestra impúdica y abigarrada cultura.

Pensé que iba a salir trasquilado, y salí con la sensación de haber visto un buen trabajo. Hay que estar atento a este grupo. Si siguen trabajando en el montaje y pulen las desprolijidades y cierto exceso en la escena mencionada, creo que pueden dar que hablar. Habrá que estar ojo, pestaña y ceja.

 

FICHA TÉCNICA 

Dirección: Javiera Zeme
Intérpretes: Daniela Pérez – Belu Muñoz – Constanza Muñoz – Angela Ramírez
Música: Deby Kaufmann
Visuales: Daniel Carrillo
Iluminación: Alioshka Calderón
Vestuario: Tordo Hablador
Aiquia Espacio Creativo
Girardi 1067, Providencia

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