Entre las zanjas de las zonas de peligro
Una poesía que transmite más allá de lo tradicional, que no busca simplemente embellecer la palabra, sino tensionarla, desgarrarla, llevarla al límite. La escritura de Zonas de peligro se mueve en una frontera difusa entre lo narrativo, y lo grotesco, configurando un espacio simbólico donde la violencia se vuelve paisaje cotidiano y los cuerpos se transforman en signos de una historia silenciada.
La estructura del libro no es casual: cada texto parece ocupar su lugar revelando que las zonas de peligro están en todas partes, incluso en los rincones más íntimos. Leer este libro es avanzar entre zanjas: caminos de sangre, ecos de miedo y memoria, que conectan el pasado, el presente y un futuro. Es un recorrido por una geografía marcada por la represión y la vigilancia, donde cada paso puede convertirse en amenaza y el recordatorio de una.
La lectura se transforma en un recorrido de una crónica poética, la cual te mueve en una repetición de palabras que te mantienen conectado, y a la espera de una respuesta de lo que estás leyendo, esta insistencia rítmica instala una tensión.
¿Qué es lo que esperas? ¿Cómo lo esperas? Puedes o no encontrar una respuesta al avanzar, es una experiencia que debes tener para responder aquellas preguntas. Tal vez no haya una respuesta clara. Tal vez sea una experiencia que solo puede entenderse atravesándola.
Las diferentes secciones tituladas «Zonas de peligro» funcionan como un espejo roto: relatos distintos que repiten un mismo gesto, una misma advertencia. Todas son variaciones de una misma verdad incómoda: hay una multiplicidad de ojos que observan, que registran, que controlan. Y eso no cambia según el lugar o el tiempo.
Ante esto no hay una lectura pasiva, Harris te empuja a vincularte con las situaciones, interpretarlas desde el punto de vista del lector. «La sangre perfumaba la fiesta y el combate, nuestras vidas pudieron haber quedado interrumpidas para siempre o sustituidas por este vasto ritual» como se puede leer en el poema Un familiar acento nos devuelve la calma.
Te lanza a un territorio incierto, donde cada poema exige atención y compromiso. Hay momentos en los que no se sabe exactamente qué está ocurriendo mientras avanzas, pero esa incomodidad es parte de la experiencia que propone.
Zonas de peligro no se cierra con certezas, sino con un silencio denso que persiste más allá de la última página. Es un silencio habitado por imágenes que incomodan, por frases que se repiten como heridas abiertas. No se trata solo de una reconstrucción del pasado, sino de una advertencia: esas zonas no han desaparecido, siguen activas, cambiando de forma, infiltrándose en lo cotidiano. Son zanjas que permanecen.
Leer a Harris es aceptar ese riesgo, es caminar entre escombros de memoria viva, es enfrentarse a lo que aún duele. Y tal vez, lo más inquietante de todo, es descubrir que las zonas de peligro ya no están solo en el libro.
«Una puesta de sol», «N.N» y «Materiales» son tres poemas que te envuelven y invitan a quedarte en la lectura.
Antonia Pérez Morales es estudiante de Periodismo, con un profundo interés por la lectura, la cultura y el lenguaje como herramienta de creación y transformación. Se aproxima a la escritura desde una mirada sensible, donde conviven la reflexión crítica y la búsqueda estética.
