SEDIMENTOS POÉTICOS
Sebastián Novajas
Actas Urbe de Elvira Hernández no se trata de un libro de poesía unitario, es más bien un conjunto de poemas largos escritos en distintas épocas y que sirven para explorar un recorrido vital, claro que, como hilo conductor, la voz de la poeta que sirve para ir trazando este largo camino. Los textos aquí presentes por más disimiles que sean en su creación y tiempo hilan un relato de la historia de Chile y a su vez se puede ver como un itinerario para merodear por los territorios del lenguaje. Sin embargo, si hay que buscar algún denominador común sería la calidad, sea lo que sea eso, en la obra de Elvira Hernández que con cada texto nuevo va reforzando un proyecto peculiar y poderoso, una singularidad, que nadie debería cuestionar sin antes leerla.
Por otra parte, está lo que se podría llamar la erosión del lenguaje, ¿acaso esa es una las razones que la consideren parte de una neovanguardia? Como fuese, Elvira siempre ha rechazado esa clasificación a su manera; sin darle mucha importancia. Elusiva como su propia poesía. Tal vez una de las razones se deba a sus registros múltiples en cada obra nueva y eso no tiene que ser necesariamente para fijar una postura artística dentro de un grupo especifico. La autora es poeta sin necesidad de apellidos que no aportan mucho a la discusión de una obra que se defiende por si sola.
Son obras nacidas en un contexto político-histórico muy marcado: dictadura y postdictadura, convertido en una crónica de los vestigios, obras que hacen una transfiguración del momento que se mantuvo congelado a la fuerza por diecisiete años. Así se puede notar en el inicio de este libro y en su primer poema ¡Arre! Halley ¡Arre!, cargado de ironía y advertencias por la situación de aquel momento. En unos de sus fragmentos se puede leer: «No se vio el Halley en Plaza Italia./ Era plaza ocupada y plaza desocupada al mismo tiempo/ Desafiando la elemental lógica de Cuarto Medio…» (p. 29). Texto que va marcando el derrotero de un tiempo histórico como si se caminase constantemente bajo un cielo gris.
Pero la fuerza de todo este material radica en esa unión que hacen una serie de textos largos, vayan creando capas de historia, no solo sentido, es decir, una acumulación de sedimentos poéticos que retrataron un tiempo específico. Son textos que no se pueden acomodar ya que su origen y distinto y solo por esa antes mencionadas épocas, también por la forma de ver que la autora tenía en aquellos momentos, incluso en Algunos poemas fugaces que remarcan esos instantes donde lo opaco se deja caer como una lluvia que lo embarra todo, por ejemplo, el poema «Alma»: «Miras el pasado/ en tierras que lo entierran/ y dejan sin enterrar/ vidas que lo reclamaron» (p. 39). Además de un tono irritado que de alguna manera remarca la frustración de no poder hacer nada más en una situación de tanta violencia. Todo esto no quita la plasticidad del sonido de su obra.
En cuanto a Meditaciones físicas por un hombre que se fue, se hace patente la ausencia cuerpo y la memoria política, es decir, eso que se busca borrar de alguna manera y como sucedió en dictadura. Además, la imposición de una negación sobre las carencias existente: «ya no es un misterio que las banderas rojas borran el hambre/ y yo me voy con ellos con mi caracol y mi revólver» (p. 45). Es un poema cargado de una pesadumbre como si uno llevara algo colgando de la espalda si se quiere ver de otra manera, con ese amago permanente, que algo terrible puede pasar sin ser parte de lo sucedido.
Son obras que sigue hablando del presente, el tipo de violencia cambia, los problemas económicos son los mismos, y se suman otros conflictos sociales, y estos poemas largos que arman este compendio poético. Carta de viaje, mantiene un tono similar, reafirma lo anterior de Meditaciones físicas. La desaparición y exilio interior se hacen más patente, Como en el siguiente fragmento: «Vengo del País de los Vertederos Eternos, del Aerosol Templado, de los Montes de Piedad haciendo nata. Flora y Fauna Travesti largándose por el larguero de tierra sableada. Despeñados por la Montaña Rusa nuestros sesos lloran Edén y Landia, Cielo y Tierra» (p. 53).
El orden de los días, la asfixia de un entorno que se mantiene estático y no muestra señas de liberación, agregando una nueva capa de sentido al momento que se está viviendo: «a Rodrigo Lira lo mató el sistema/ a Hugo Riveros lo mandó a matar el régimen» (p. 93). Aquí se encuentra desde la violencia institucional hasta la impotencia de no poder cambiar las cosas. Y así, con Trístico, dejando testimonio que ha pasado tanta violencia que el individuo se va diluyendo por la fuerza de la opresión, es reducido a su mínima expresión: «basura humana/ bolas huachos con carnet de identidad/ s/identidad» (p.130).
Ese recorrido vital de un poco más de tres décadas, el recorrido que tuvo cada una de estas obras con más o menos reconocimiento, pero este conjunto de textos tampoco es que sigan un plan hacia algo mayor; cada uno tiene su propia autonomía, su forma de expresarse, de estar situado en el mundo, y a su vez al estar reunidos muestran tener una unión inusual, a la vez sea el tono de la poeta que los puede unir y ampliar su sentido.
Seña de mano para Giorgio de Chirico, se forma como un cuadro de lo grotesco, esa imagen detenida, de lo que ha quedado a la indefensión: «Está oscuro/ como en una Edad Oscura/ la noche ha caído» (p. 150). Tiempos opresivos, espacios cautivos son los que se posicionaron y cargados de la fugacidad que cargaba el horror del momento. Al igual que los poemas de Acta Diurna Urbis, son poemas fugaces, además de sueltos y agrupados para este libro, sobre la desaparición y la oscuridad de la época. Diferentes sintaxis, tonos y modos manteniendo siempre acumulación del sentido histórico del desmoronamiento, causado por la brutalidad, como si fuese la ladera de un cerro. O en este fragmento: «Dime ¿dónde está la Plaza de los Estambres en esta sociedad» (p. 160). No solo los poemas dispersos y desordenados de este libro, sino también la totalidad se podría interpretar como un coro de esas voces que fueron acalladas y de esas que si bien no fueron perseguidas directamente tenían deseos de decir algo, pero por miedo, prefirieron callar, y ser quitaditos de bulla, porque en el margen de las cosas hay mucha libertad.
Son texto que no buscan un acomodamiento para ser vistos, considerando la época en que fueron escritos la mayoría, un grupo heterogéneo y bastante vivido. Y que se suele mencionar poco, pero en un proyecto a largo plazo conjugar escritura, experiencia y formas de producción es una labor enorme. Incluso con estos textos y sus diferencias no solo en su construcción. La diversidad de formas en la obra de Elvira Hernández crea una extraña armonía. Leer a Elvira también es tantear el terreno extenso de la poesía chilena.
Título: Actas Urbes
Autor/a: Elvira Hernández
Editorial: Alquimia Ediciones
Año: 2da edición 2025
