Narrativa. Martianus Hlothari (Perú)

El último viaje

—¿Nunca descansas? —le dijo Elías.

—No puedo —respondió Avelino mientras encendía el auto.

Desde que Katherine perdió el empleo, Avelino empezó a taxear después de terminar la faena en la fábrica. Regresaba a casa cerca de la medianoche. La comida siempre lo esperaba en el microondas, lista con solo presionar un botón.

Esa noche se recostó en el sofá. Recordó otra vez la propuesta de su cuñada. «Sé que no les va bien. Acá en Canadá hay trabajo. Que venga Katherine con las niñas». Le dolía separarse de ellas. Dudó durante semanas antes de aceptar. Poco a poco consiguió convencerlas: les compró revistas sobre la vida y los paisajes de Canadá. Se reunían para ver juntos testimonios de inmigrantes que habían triunfado allá. El atardecer en que accedieron a viajar, se abrazaron y lloraron durante un largo rato.

Al amanecer condujo a sus hijas al colegio. El trayecto ahora era silencioso, como si las palabras se apagaran de golpe. Los hincazos de una antigua gastritis volvieron, pero ya no importaban tanto. Podían esperar.

Aquella tarde, al salir del trabajo, manejó hasta un parque cercano. Dos hombres ya lo estaban esperando. Se estacionó y, tras unas breves palabras, abrió el capó. Uno de ellos alumbró con la linterna de su teléfono los cables y las conexiones. Los revisó minuciosamente mientras el otro arrancaba el motor. Los hombres dieron unas vueltas al parque. Avelino, por primera vez, iba sentado atrás. Vio cómo el conductor acomodaba el espejo retrovisor y tomaba la palanca de cambios. Al terminar la prueba, se dieron la mano y quedaron en reunirse en la notaría a la mañana siguiente.

Avelino se quedó solo dentro del auto. Acarició el timón y recordó a Katherine sentada en el asiento del copiloto, diciéndole que estaba embarazada. Aquel día se sintió el hombre más feliz. Una lágrima le resbaló por la mejilla. Tomó un trozo de papel de la guantera y se secó el rostro. Giró la llave y metió la palanca de retroceso.

 

Martianus Hlothari, seudónimo de Elías Ernesto Aguirre Siancas (Lima, Perú), es doctor en neurociencias y docente universitario. Considera que su formación científica ha influido en su escritura, caracterizada por una prosa contenida, directa y elíptica. Es autor de La espada (2025), El escudo sin vida (2026) y Las lombrices doradas (2026). Su obra ha sido publicada en revistas y portales literarios, entre ellos Proyecto Sherezade, Revista Montaje, Revista Mal de Ojo, Hoja de Babel y Voces Inéditas.

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