La marca
El humo de la carne quemada del cabrito, que se filtraba por la ventana, le hirió los ojos. A tientas palpó la repisa de los dioses domésticos; alargó la mano y pasó el índice por la base de la estatuilla negra de Quemos. El polvo le manchó los dedos. Se los frotó contra la túnica: la mugre resaltaba sobre la tela blanca. Salió de la casa cargando al ídolo y se reunió de nuevo con sus familiares junto al holocausto en la entrada del bosque. Por un momento miró al cielo; buscó entre las nubes el rastro del Dios de Noemí.
Al día siguiente, un amigo de su padre, que regresaba de Israel, les contó sobre un evento que había conmocionado Belén. Orfa sintió una punzada atravesarle el pecho. Apenas el visitante calló, ella preguntó:
—¿Está seguro de que la mujer es moabita?
—Completamente. Y eso es lo más maravilloso. Es una de las nuestras.
Orfa suspiró. Se levantó y caminó hacia el bosque. Acarició un olivo y arrancó una hoja. Al olfatearla, pensó en Noemí, en el instante frágil y definitivo en que le impidió seguirla.
Miró la marca en la túnica. Intentó quitarla; la costra negra se extendió.
Estaba atardeciendo.
Contempló la puerta de su casa.
No entró.
Se alejó.
Martianus Hlothari. Seudónimo de Elías Ernesto Aguirre Siancas, neurocientífico y docente universitario con más de una década de trayectoria en la comunicación científica. Su narrativa propone un cruce entre el rigor biológico y la ficción simbólica. Es autor de los libros de relatos La geometría de los reflejos (2025), La caída del maniquí (2026) y Las lombrices doradas (2026).
