La capital en la mano[1] Artículo 3X.- El ejercicio de los derechos y garantías que la Constitución asegura a todas las personas sólo puede ser afectado bajo las siguientes situaciones de excepción: guerra externa o interna, conmoción interior, emergencia y calamidad pública. No te apartaste de los días humanos, con rostro arrepentido de familia, sobreviviste a los siglos. Contempla la palabra quemada y el cero destruido. El comienzo nuevamente azul del arrasado azul. Aquí estás, en los lugares y en los eones, sucediendo con tu proteína y razón, a la velocidad de la luz y el cardio. Aún en el vientre autóctono de tu madre, cría de los puntos cardinales. Desde Batuco a Esqueria. Desde El Abrazo a Patmos. Te has quedado para siempre allí, como un ídolo de lejos, lleno de barbas y años, sin nombre. El horror es de páginas en blanco y de blancos despoblados. ASÓMATE No a los balcones, no a esas bóvedas, no a esos desnutridos vacíos de la metafísica y el éter. No a esos riscos, no a esas simas, no a esas cimas celestes cimentadas en la nada. ASÓMATE A las ventanas, a los rieles, a los secanos. No a ese orbe. A la clausura, a la ruina, al vicio. ASÓMATE A Puente Alto, La Caro, Lo Espejo, Laguna Verde. ACASO NO TE SIENTES PARTE DE LOREA LO QUE YO HE VISTO VAMOS ANDANDO QUE CERCA ESTÁ MI CASA En las barricadas que alumbran las lenguas En las bocas llenas de protesta y nombre En las trincheras por las que la bala va rompiendo el cráneo de los ocasos más amoratados En los cadalsos donde nos libramos de los dioses ejecutivos y festejamos el terror de nuestros corazones En las cunetas donde se levantó y cayó mi hermano En las cunetas donde mueren los desgraciados esperando el día en los andenes en las fosas en las caletas en las filas Amontonados en los bandejones y en los paraderos como tumores de espaldas A la entrada de museos y centros comerciales Amontonados en las plazas y en las casas Amontonados en el asco y la espiración Las ruinas del imperio romano son abalorios en Picton #099X Las pirámides maya bártulos en el carro de un borracho en Bagdad #66X Un niño de la edad que alguna vez tuve juega con balones de fútbol Se restauran todas las épocas en un mismo instante Vuelve a ser crucificado el hombre y asciende el tercer reino Mi padre pierde un empleo y mi madre un gameto El caos es una revolución que todo lo vuelve a hacer joven El apocalipsis es en directo y un cúmulo de ahoras La Capital es un esqueleto sin pan y barba larga una cordillera pareada un cité de corporaciones un basural clínico un cementerio público un jardín desaparecido una colección de héroes arrendados La ciudad donde vi a los perros sangrar y morir La ciudad donde soñé con perros sangrar y morir es descuartizada el kerosene desvergüenza su pellejo sus perros funestos pasean antes de suicidarse los sobrevivientes cargan toneladas de ecuánimes voces Es un epitafio desechable, una vértebra en el hocico de un perro, algo que pasa bajo los zapatos La ciudad es un hematoma, una mejilla que sangra MI FAMOSA PROSTITUTA NÍNIVE MI BABILONIA REDIMIDA BELLA MI BRIAGA MADRE EN EL FUEGO EN EL FUEGO #66X #09X2 #X90[2] Chucha, qué devastada quedó la ciudad, toda. Todas sus puertas abiertas ─como las de tu hermana. Sus edificios cabizbajos ─como el de tu viejo. Sin sábado los hospitales. Y los jutres gimen, y las alcaldías limosnean, y su gente atormentada. Ay, que me lamento de puro bandido y mal genio, si me río como un gusano arrastrándose en los albañales. A patá en la raja fue levantada, a pata pelá fue caminada. Es la ciudad tu ciudad. No fue la cólera de sus gobernantes, no fue la enfermedad, no fue un temblor, no fueron los comandos, las balas, las mochas, ¡ni siquiera fueron las protestas!; no fueron las máquinas, el verbo evangélico o el acerca de los banqueros; se acabó porque debía acabarse y alzamos los hombros: «total, no estábamos mejor y esa de estar peor ya la sabemos.» «óyeme bien hija de tu puta madre los hijos no regresaron a sus madres» ácido sulfúrico―sosa y grasa 144.000 humanos hirviendo desaparecidos el cuerpo no el nombre la casa del pueblo está vacía la casa del cuerpo está vacía ni a la noche ni a la cama ni a ranchar llegó el hijo «perdí por ti velas pedí con velas al perro dios y tú no vuelves a cosquillear con amor la sombra» que pariste a tus hijos en esta tierra y en esta tierra no los viste morir morir los ves en cada llano y a los madrazos con los fantasmas «a por frijoles y balazos me mandé tengo que volver donde madre a medias o a tres cuartos traerme una pa san juditas que me la de y cobre» Que las familias hallen consuelo del olvido allí un cadáver aquí esposa esposo guagua no puedo dejar de ver los colores arrumbados ver los cuerpos arrumbados caer al olvido aquí está la boca más allá un vientre y lejos allá afuera fuera de una mujer el hijo afuera «esos no son hijos esos no son padres esos no pueden ser país esos perros no son país» y cayeron y no dejaron de caer costalazos de cielo y tierra en una niña todas las niñas pilladas rendidas las cabezas ya en las casas en las calles en la tierra perros y más perros contra polluelos rajadas las caderas de las colinas el cordón de las montañas desanudado en la grupa rompió aguas y las aguas de los ríos fue sangre «peces hambreados ya húndanse lleva por leguas estas palabras pisa los nenúfares y las moras» y sangre hubo en las faldas de las montañas como un vientre eviscerado de cordero los hombres dieron la espalda la embarazada bajo galope de caballos orugas de tanque sobre y orugas en sus extirpaciones «que me cuelguen de la lengua si no he de nombrar los nombres que me corten la lengua si permito el olvido» bandadas de cuervos regimientos contaste cien yo conté ciento un en mi hoja que estos años no se hundan en el olvido dolores de cabeza fuertes vómitos convulsiones fuertes cabezas de dolores[3] a salitre a ceniza a mierda botadero el mar ni el mar respira «mejor morir de cáncer que de hambre por su buen poco de dinero» chimeneas derrame plomo cobre níquel agua cola «deben entender las cosas que he vivido no por mí que ya estoy muerto sino por ustedes que creen que viven» Las cuerdas vocales fueron frotadas, los epílogos fueron narrados. Hubo un grito de protesta y luego bobo silencio. Las piaras, embutidas de futuro, a la intemperie de cielos indigentes y paraísos privados, se aparean por última vez. Piden por sus gemidos y manos, puesto que en un pasado las preces y proyectiles, les prometieron, vivir mañana, como los últimos. Aquel día nadie leyó ni pudo escribir nada sobre la nada, ahítos de vacuidad lo mismo que de esperanza. Los niños escarbaron debajo de las ciudades y jamás hallaron madre ahí en las ruinas. El último incendio se posó sobre el último panal y las últimas abejas estallaron. Los comensales se reparten los huesos de un genocidio, mientras los televisores reproducen un documental en diferido del apocalipsis. El sicópata es un hombre mundial. Han liquidado los amaneceres, han acabado con las flores: nadie consideró nuestro gemir. Las corbatas y tacos son tiroteados por copihues. Los drones y zorzales se aparean en la copa de una araucaria. La historia de los pies se detiene y mi cuerpo yace sobre los titulares de los diarios. Estamos ante el término de los siglos. El conteo de los días terminó con aroma a lunes. La historia de los recuerdos conduce nuestra mirada hacia el final. No hallamos obra, nombre ni información que sean norte en este desierto, y nos resignamos a la ancha locura. Estamos solos frente a frente, has muerto frente a mí. Ahora las bocas son finales, los pies son finales, las manos son finales. En Pxctxn #0X92 cortaron cabezas en honor al sol y en Bxgdxd #66X levantaron una pirámide para que durmiera un niño con rostro de cualquier dios. No será la invención particular la que encandile sino que la multitudinaria. Un niño escondido en su ojo, luego mil ojos de mil niños: la imaginación de un dios recién creado. Ojo hacia adelante, avanza nuevamente. Y no te sientes del todo enfermo si aún tu mirada se acerca a una mirada, si todavía tu ojo alcanza. No estás solo frente a la capital. No estás solo frente al anochecer. No estás solo frente a las luces y la demolición. Siempre habrá algunos: el dealer transando creepy, un bailarín desaforado sudando pastillas, un punk molido en la gravilla de la plaza. Siempre estará ese niño de quinientos años desorientado en la chinkana de tu memoria. No estás solo si alguien está dispuesto a observar. No estás solo ante el amanecer. El ojo es multitud. El ojo es ordinario. Has puesto tu ojo al alcance de mi boca. Tus ojos suceden esta noche. Todo llama. Todo dice. Conversaciones entre la vecina y el casero. Ahora mismo, ojos colorados por afuera de las cuencas, me aparcas todas las noches en el párpado. Tal conocimiento de entrada a la angurri y al deseo tuve por tus ojeras baldeadas de insomnio. Ves a la gente roncar, orinar y llorar, y entonces participas. Escuchas «ayúdame aquí, porfa» y tiendes tu mano. «Hermanito chico, tení papelillo», y no evitas una conversación. Eres un animal voraz, de todo deseas un bocado de presencia. Al acecho, sangriento y vivo, te relames y tragas un poco de aquí, un poco de allá, recaudador de mugres y flores. Pero, aunque estas palabras quieran desplegarse como pupilas, como aves hacia… no son más que palabras, palabras tras palabras, palabras que se pudrirán en la fosa común de nuestras comunes palabras. Hela aquí a la madre con sus hijos. Helos a los hijos con su madre. Mientras el padre soba y soba. Las vecinas hablan de paros cardíacos y dividendos. La niebla hila sobre los tejados, y cualquiera desliza un cuchillo sobre margarina, y la tarde afloja los pómulos y se sienta a esperar. Un encendedor se prende a una silueta que cruza como una aniquilación la calle, y los focos de una micro sin recorrido descienden por la esquina. Entra en el destino y es final. De por medio tú y yo hasta millones, desde un país desaparecido hasta otro país desaparecido. Observa las formas del desmoronamiento. No hay fechas ni aniversarios para estos cuerpos. Ya todo ha sucedido: el caos asintió y fue equitativo. Y todos ladramos y nos perseguimos la cola. Ya no florece en mi ventana un almendro con tu ojo en la copa porque no hay ventana ni almendro. Permanecemos amontonados en fosas comunes a la entrada de farmacias. Y el tiempo es medido por la gota de suero de un desahuciado. Mi último recuerdo está encriptado en memorias obsoletas. Los jotes sobrevuelan lo que queda y buenas noches. Pero la poesía nunca dejó de hervirse en las lenguas. Y las lenguas la reconocieron como madre. Sonó en los hospitales, en las salas de espera, en las filas para entrar el mundo. Sé que hay un sueño y una guerra en todos los ojos del mundo. Pero también hay un poema. Hay palabras para esas desapariciones. Hay un poema, un poema terrible, un sueño como una guerra, un sueño y una guerra hay en todos los ojos del mundo. Y eso es inmensa luz dada. Quisiera dar una vuelta con los pájaros y las ancianas, oír nuevos cantos donde resuene la experiencia. Alimentarme de buenos vientos y llegar al iris de un animal mientras, cruzado por el ruido y la fiaca, subo hasta el juego de las aves que ganan cielos. Donde termina este poema acaba la materia. ¿Era cierto que más allá de mi índice había algo haciéndose? Llamas en movimiento, un mundo de recorridos, continuidad de pieles y lenguas, cicatrizados en el pellejo del tiempo. Quién sabe hacia dónde... cementerios y consultorios. Hay un mundo afuera que voltea a mirarte como los ojos de un amigo. Y otras vidas y otros nombres que conozco, que no he conocido, que deberé eludir o conseguir. Hoy quiero demorarme tras los pasos de una anciana, vibrar bajo el sol como un niño jugando. Ser amigo de Jean Pierre, Ronald e Ivonne. Y oír de sus cosas: de goles y de libros, de robos hormiga y amistad. Hoy quiero ser simple y vasto como un recién nacido. La historia de nosotros. La historia del amor y la enfermedad. Hoy, simplemente, deseo ser vecino. Una familia que almuerce en silencio mientras contempla, tras las ventanas, el jardín, los verdes. Y conocer las labores secretas de las infancias, sus imaginaciones capitales, sus invenciones, y que esa inspiración sea mi respiro. El aleteo de un pájaro en un bosque sin fin. Conocer el disturbio del sinsentido, la primicia emborronada de esos ensayos fundados en un porque sí. Hoy quiero ser parte de una generación nieta, que no se mire en mí sino yo aproximarme a ella. Que yo muera con el oído abierto, sin épica. [1] Antes de mandarle ojo, compañerx –si gusta nomás–, un beso en el miedo. [2] Transcripción de un grafiti ubicado en la pandereta poniente de lo que antes fungió como la notaría que emitió la sentencia que abre La libertad privada. Véase Lote 6. [3] Contraindicaciones: No seguir leyendo en caso de: impulsos peligrosos, dificultad para conciliar el sueño, comportarse de forma violenta, estado de ánimo anormalmente exaltado y frenético, hablar o pensar acerca de deseos de hacerse daño o terminar con su vida; alejarse de los amigos y la familia.
Alonso Bouyer. Chileno. 30 años. Actualmente reside en la comuna de Santiago.
