Reseña. Cuando pienso en mi padre de José Miguel Martínez Neghme. Por Miguel Echeverría

Las obras autobiográficas —o, más ampliamente, aquellas inscritas en la no ficción creativa— enfrentan un desafío particular: conducir al lector a través de una experiencia profundamente personal sin perder de vista aquello que la vuelve significativa para otros. La voz del autor suele estar intensamente comprometida con la materia narrada, por lo que debe encontrar mecanismos para anunciar o sugerir la relevancia de su experiencia y así involucrar al lector en ella.

En Cuando pienso en mi padre, José Miguel Martínez Neghme opta por una estrategia singular: presenta fragmentos de un diario de vida correspondiente a los años 2012 y 2016, cuya inmediatez y verosimilitud permiten acceder de manera directa a la intimidad de los acontecimientos. Sin embargo, la narración no permanece anclada exclusivamente en ese registro. El autor interrumpe el diario para incorporar observaciones, recuerdos y contextualizaciones que enriquecen la imagen de los hechos narrados, retomando luego el hilo temporal en capítulos posteriores. Se trata de un ejercicio de reconstrucción que dialoga con la idea de Andréi Tarkovski de “esculpir en el tiempo”, citada por el propio autor, y que adquiere especial relevancia cuando emerge la enfermedad de Párkinson que afecta a su padre, circunstancia que intensifica la convivencia y redefine la relación entre ambos.

Uno de los aspectos más evidentes del libro es la importancia de la figura paterna en la formación intelectual del autor. Martínez Neghme muestra con claridad que gran parte de su bagaje cultural y reflexivo proviene de las conversaciones sostenidas con su padre. Las referencias a la cultura popular —desde los videojuegos hasta las películas del western clásico— funcionan como puntos de encuentro con el lector contemporáneo, pues remiten a imaginarios compartidos y reconocibles que enriquecen la dimensión afectiva del relato.

La muerte del padre y el posterior nacimiento del hijo del autor constituyen un contrapunto emocional de gran fuerza. En ese tránsito, el libro vuelve sobre la figura paterna para reconstruir una línea temporal más completa y ofrecer un retrato más acabado de quien fue ese hombre. Así, el padre deja de ser únicamente un personaje íntimo para convertirse también en un sujeto histórico e intelectual, cuya experiencia vital trasciende los límites de la memoria familiar. Incluso su cercanía con el Opus Dei, presentada más como una circunstancia biográfica que como una definición identitaria, contribuye a complejizar una figura que el autor se esfuerza por comprender en toda su amplitud.

Al final, Cuando pienso en mi padre es también una reflexión sobre la filiación, la herencia afectiva y la conciencia tardía de aquello que los padres representan en nuestras vidas. El libro recuerda que quienes estuvieron presentes y activos en nuestra crianza son, probablemente, las personas que más nos han querido: a su manera, con sus limitaciones y contradicciones, pero con una entrega cuya profundidad solemos comprender plenamente solo cuando comenzamos a enfrentarnos a su ausencia.

 

Cuando pienso en mi padre. 

José Miguel Martínez Neghme. 

Editorial La Pollera, 270 pág. 2026.

Ensayo. Edición Daniel Campusano. 

Chile.

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