Reseña. Estrecha ruta de diecisiete sílabas, verso a la nada de Francisco Valenzuela. Por Jorge Cocio Sepúlveda

 

LA BELLEZA DEL ASOMBRO

 

«reina araucaria

yérguete sobre boldos

laureles peumos».

Francisco Valenzuela

 

A veces la brevedad es suficiente, el saber decir la palabra correcta en el momento y con la persona exacta puede detonarnos tanto la comedia como la tragedia de nuestra vida, pero en cualquier caso es capaz de generar algo realmente sincero. Pero al mismo tiempo lograr ese efecto puede ser un trabajo que dure toda la vida cuando se toma en serio. Porque hay gente que decide dedicar su ser al verso, y en este caso tenemos una obra que puede hacerse uso como ejemplo.

Estrecha ruta de diecisiete sílabas, verso a la nada, es el quinto proyecto poético de  Francisco Valenzuela (Concepción, 1987), quien tiene a su haber una obra donde ha ido experimentado con el lenguaje poético y que para esta ocasión ha ocupado el formato del haiku para desplegar sus experiencias vitales a través de veintiséis textos sin título para seguir la tradición de entregar la libertad al lector para dejar ir el poema o llenar ese espacio vacío.

Así tenemos en primer lugar: «soplo naranja / las heridas del yermo / guían mis pasos», Donde la naturaleza se hace presente como parte del imaginario, pero también como un recurso que permite evocar  esas emociones inexplicables de lo vital en un yo que se funde con el entorno y no busca su protagonismo.

«Sal en el aire/ tu piel contra las olas / canta el océano». Es otro texto que evoca ese instante o fotografía de sensaciones. Al igual que: «papayas y uvas/ ornan el cuadro del/ Valle del Elqui», donde el escenario nacional permite vincular al lector con algo más concreto, al igual que una postal o un grabado.

De esta forma Estrecha ruta de diecisiete sílabas, verso a la nada, es una propuesta que haciendo uso del arte milenario japonés, pero vinculado al sur de Chile nos entrega una suma de paisajes en páginas que expresan lo transitorio de la vida mientras vive y muere. Al igual que el relámpago que aparece y desaparece, la creación viene acompañada con la destrucción de un modo que no siempre recordamos, pero que en el verso es posible contenerlo y respirarlo con la naturaleza de fondo donde lo finito e infinito se entrelazan continuamente.

Porque el poema no sólo resuena en una estrofa en verso consonante, sino también puede tener una sonoridad al sonido de una puesta de sol, el lápiz tatuando una hoja, el sentir la lluvia del anochecer, la danza del cisne o el color del humedal.

 

Francisco Valenzuela (Concepción, 1987). Obtiene en 2015 los títulos de Periodista y Licenciado en Comunicación Social en la Universidad Católica de la Santísima Concepción. Desde agosto de 2017 se desempeña como bibliotecario en la Universidad Andrés Bello, sede Concepción. Gesta el Taller de Poesía Huio Huio, Rumor de Agua. En 2015 publica su primer poemario, titulado Los Colores de la Tribu con el sello Alto Horno. En 2017 gana el Concurso Poesía Divergente de la Editorial Casa Litterae que lo hace acreedor de una nueva publicación, titulada Poemas e Híper-Poemas. Publica ese mismo año el poemario Sommeil Paradoxal, en formato plaquette, con la Editorial Alto Horno. Publica en 2021 el poemario digital Arroba y el gigante cyberbarroco con el sello Awen de Venezuela. Gana la Beca «Chile Crea» del Fondo Nacional del Libro y la Lectura, con el que se titula como Magíster en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Concepción con una tesis que analiza la obra del poeta Omar Lara. En 2025 publica un segundo plaquette de haikus titulado: Estrecha ruta de diecisiete sílabas, verso a la nada.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *