En una sala Bellavista del Teatro Mori repleta y expectante, se estrenó Cortar cabezas, una propuesta que encuentra en la comedia negra una forma particularmente eficaz de volver sobre la historia y, al mismo tiempo, interrogar el presente. Con Natalia Valdebenito y Javiera Contador al frente, la obra construye un duelo escénico de notable energía, inteligencia y sentido del humor, tomando como figura central a María Antonieta en los agitados momentos previos a la Revolución Francesa.
Valdebenito y Contador conforman un dúo que parece comprenderse naturalmente en escena. Hay entre ambas una complicidad que sostiene el ritmo de la obra y permite transitar con soltura entre la ironía, la caricatura y momentos de mayor densidad histórica. La belleza y expresividad de sus interpretaciones se acompañan de una perfecta entonación y de un guion punzante, cargado de referencias y datos históricos que consiguen que el pasado deje de ser una pieza de museo para convertirse en un territorio reconocible.
Y allí reside uno de los mayores aciertos de Que le corten la cabeza: la obra no se limita a recrear una época. La utiliza como espejo.
La Revolución Francesa aparece entonces atravesada por preocupaciones que siguen presentes en nuestro tiempo: el poder, la justicia, la honestidad, la manipulación de los discursos y la relación siempre compleja entre los líderes y el pueblo. El exceso de exposición pública, la circulación de mentiras y la necesidad casi permanente de convertirlo todo en espectáculo encuentran en la risa una válvula de escape. Una risa que, lejos de ser ingenua, puede resultar profundamente política.
Porque aquí todos mienten. Los líderes desparraman mentiras, pero el pueblo tampoco queda exento. La verdad parece convertirse en un bien escaso mientras la justicia aparece reducida, pequeña, casi insuficiente frente a una honestidad que debería ser abundante y que, sin embargo, parece siempre estar en disputa.
La estructura de la obra, dividida en tres partes, incorpora además la presencia de un tercer actor encargado de establecer una suerte de cortina entre cada segmento de la narración. Este recurso contribuye a marcar los cambios de tono y a otorgar una dimensión casi ceremonial a un relato que, paradójicamente, se sostiene sobre la irreverencia.
Entre los momentos más hilarantes se encuentra aquel en que Javiera Contador se transforma en la hija de Don Francisco para entrevistar a María Antonieta. La escena, deliberadamente absurda, rompe cualquier expectativa y demuestra la capacidad de la obra para desplazarse entre épocas, códigos y referencias sin perder su centro. Es precisamente en esos quiebres donde la comedia encuentra su mayor fuerza.
El rey, por su parte, aparece tan impotente como omnipresente. Su figura termina convirtiéndose en una anécdota más dentro de un desenlace terrible y, quizás, inevitable. Porque Cortar cabezas también nos recuerda que los procesos históricos no suelen comenzar con una cabeza en el suelo: antes están el descontento, la desigualdad, la pérdida de confianza, los discursos manipuladores y la incapacidad de quienes detentan el poder para comprender aquello que ocurre fuera de sus propios salones.
La obra consigue así que volvamos la mirada hacia un período histórico que, pese a la distancia de los siglos, presenta inquietantes similitudes con el Chile actual. El mecanismo es sencillo y eficaz: reírnos del pasado para terminar reconociendo algo del presente.
Salí satisfecho de la función y, sobre todo, con la sensación de haber recuperado el interés por un período histórico que creíamos conocido. Cortar cabezas demuestra que la historia también puede revisitarse desde el humor, incluso desde el humor negro, y que una buena carcajada puede ser mucho más incómoda —y reveladora— que un discurso solemne.
En tiempos en que la mentira circula con una velocidad extraordinaria y en que la política parece confundirse cada vez más con el espectáculo, la obra nos entrega algo que, además de necesario, resulta saludable: la sagrada risa. Esa que permite mirar el poder de frente, reconocer sus contradicciones y, por un instante, quitarle solemnidad.
Porque a veces, para volver a pensar la historia, primero hay que reírse de ella.
Elenco: Natalia Valdebenito y Javiera Contador
Lugar: Teatro Mori Bellavista
Temporada: 3 de septiembre al 3 de octubre
Funciones: jueves, viernes y sábado, 20:30 hrs.
Valor: $22.000
Duración: 60 minutos
Clasificación: +14 años
Entradas disponibles a través de Teatro Mori y Ticketmaster


