Nota: Poemas de Círculos y fuegos (Inédito)
CENTRO
Las mañanas están hechas para el engaño,
para este oscuro oficio de engañarnos.
Uno se despierta
como si el sol fuese
como si el sol hablara
y entonces creemos
que este día no va a doler en el mismo lugar
que las horas no van a caer
una sobre otra
como sangre lenta
en una herida abierta
en el medio del abdomen.
Los años pasan y, tarde o temprano, pesan.
Pero este día no formará parte de esos años
nos decimos con una sonrisa en el espejo;
de modo que ese día pasará, pero no pesará.
Por algunas horas nos sentimos aliviados
con la levedad de un mito
sí, creo que el sol es el que nos convence
y tan distintos caminamos por los adoquines
sintiendo la noche tan ausente y tan lejana
que no logramos entender cómo esos versos
que nos vaciaron el alma
pueden sobrevivir a nosotros / a nuestras arrugas /
a nuestros llantos.
El día nos obsequia una vida que parece nueva
un amor que nos aguarda hasta que la luz
se apaga despacio
y todo vuelve
al lugar donde guardamos
lo que no pudo ser.
HOMBRES COMUNES
Tan de vez en cuando
te sube la eternidad a los huesos
/ cuando el cuerpo arde
y se abre como un relámpago
o cuando te eligen en la oficina
y subís un escalón hacia la nada /
la memoria
es un lápiz indócil
que dibuja lo que quiere
lo que duele
lo que falta
pero un día
el lápiz se te pierde
no está en la mesa
ni en los bolsillos del pasado
lo buscás
te rompés en la búsqueda
te trastornás en tu ceguera
y después
te olvidás
como una lluvia
ya no sabés
que sos un hombre cualquiera
los orgasmos
no son tuyos
los crea dios
en voz baja
y los ascensos
son papeles
respirando polvo.
ESAS CALLES
Las calles que no conozco
se me ríen
bajito
en los bares
las mesas
se llenan de otros
el cielo se oscurece
y comienza una lluvia
que me salpica diferente.
Las esquinas que no recuerdo
me llevan
a otras esquinas que no recuerdo.
Si hasta la angustia atraviesa
mi garganta
pero no es mi congoja
de arena sorda
o de noches heladas.
Las calles que no conozco
tiemblan
en otro idioma
yo trato
de decirlas
traduzco
como puedo
cada lágrima
cada fuga
cada vez
que no soy.
VIENTO
Por los rincones del olvido
andan
(andan todavía)
las casas / las calles
de mi niño / yo /
yo
que iba
fantasma mínimo
por los patios
rozando
no las paredes
sino lo que en ellas callaba
algo abría
sí
algo abría el mundo
en este cuerpo
de luz poquita
de luz cayéndose
y tus libros abiertos
/ decían /
abiertos para quedarse
creo (no sé)
que las horas
y
los pájaros suben
pero no suben
se deshacen de cielo
como quien pierde el nombre
así murieron las palabras
que no dijimos
(no decir también es una forma
de caída)
y ese roce / casi /
de dos almas que creyeron
todavía en el viento
(o en lo que el viento
abandona
cuando se va)
MIRADAS
Te miro /
te miro una, otra vez /
y no alcanzo a huir de vos
de tu cielo rubio
que cae despacio
como si supiera mi nombre
ni de esa ausencia tuya
de caderas flacas
/ te miro /
con una ambición que duele
con una crueldad chiquita
que no sabe decirse
y dejo la soledad
ahí
temblando en tu esquina
como si no fuera mía
tus manchas en la cara buena
tu regalo de sonrisa perfecta
una música te anda
te camina
desde tu sur hasta tu norte tibio
y entonces yo
qué voy a hacer
sino seguirla
bailo un poco nomás
como quien vuelve
a estar vivo
como un jilguero
que se acuerda del aire
y lo dice despacio.
RETRATO
Cerraré las ventanas,
contemplaré tu retrato,
/ el que se pierde / el que se diluye.
Las horas serán viento,
tal vez solo una brisa,
para que no entres ni salgas
ni vuelvas a decirte en el aire.
Un susurro sin fin,
el cuerpo del destino
que huye hacia sí mismo.
La vida se aísla en su propio eco,
en su propia distancia.
Y el cielo,
sin prisa, sin promesa,
disuelve la ausencia
como quien no quiere
/ la luz cansada
de una vela
que no sabe apagarse./
DESTINOS
Las mesas siguen en su sitio.
No han cambiado de lugar
porque el lugar no cambia.
Los cuadros, las botellas, las voces,
resisten / intactos /
como si resistir fuera
una manera de no estar.
El aire que respiro me resulta extraño
porque no coincide conmigo
ni conmigo coincide.
Como sombras en la tierra
regresan los vértigos,
las desiguales noches.
Corren brisas desde una calle
que no ha cambiado.
Las personas se entregan a sus destinos;
pero un destino no es una entrega,
es una forma de no salir de sí.
Me recuerdan a esas otras,
a las valientes,
a las que ya no están:
las que están fuera de toda presencia.
Es el regreso que tanto temía.
Hay algo de mí en este lugar,
algo que no consigo encontrar
porque quizá lo que falta
no está perdido
sino colocado en otro lado del ser.
Raúl Alonso (Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina, 1963). Actualmente reside en Granada, España. Es escritor, músico y cantante. Cursó estudios de Economía como así también de Filosofía y Letras. En 2005 se radicó en Madrid en donde colaboró en revistas y dio forma a su poemario Estación Uno. A su regreso a Argentina cofundó la revista digital de cultura CIRQUE. En 2017 publica su libro de poesía URBANO y en 2018 edita LO AMARGO POR MIEL, ambos en GOGOL EDICIONES (Buenos Aires, Argentina). En 2020 publica el libro de cuentos ALÉTHEIA (AZUL FRANCIA EDICIONES, Buenos Aires, Argentina). En 2021 edita, ya en Granada, NO HABRA CESADO EL RITO (ALIAR EDICIONES, España) y NADIE SABE RESPONDER (ILIADA EDICIONES, Berlín, Alemania). En 2023 publica su último trabajo BUENOS AIRES, EL AYER Y EL UNIVERSO (AVERSO POESIA, Granada, España). En el año 2025 obtuvo el Primer premio en el Concurso de Poesía de Cúllar Vega y el Primer premio en el XLVII Concurso de Poesía Castillejo Benigno Vaquera de Pinos Puente.