Artítulo. Cristóvão Tezza recibe el Premio Machado de Assis 2026 por su trayectoria literaria. Por JC Petermann

Cristovão Tezza © Divulgação

José Carlos da Silva — La Academia Brasileña de Letras anunció al escritor Cristóvão Tezza como ganador del Premio Machado de Assis 2026, una de las distinciones más importantes de la literatura brasileña.

El reconocimiento se concede anualmente a un autor por el conjunto de su obra y será entregado el 23 de julio, durante la ceremonia de conmemoración de los 129 años de la institución.

Para el lector chileno e hispanoamericano, conviene situar la importancia del premio. La Academia Brasileña de Letras, fundada en 1897, ocupa en Brasil un lugar simbólico semejante al de las grandes academias literarias y lingüísticas del continente.

El premio lleva el nombre de Machado de Assis, figura mayor de las letras brasileñas del siglo XIX, autor de Memorias póstumas de Brás Cubas y Dom Casmurro, y uno de los fundadores de la propia Academia.

Cristóvão Tezza nació en Santa Catarina y desarrolló buena parte de su trayectoria intelectual y literaria en Curitiba, ciudad del sur de Brasil. Novelista, cronista, ensayista y profesor universitario durante muchos años, es considerado uno de los nombres centrales de la narrativa brasileña contemporánea. Su obra combina precisión formal, observación psicológica y una reflexión constante sobre la memoria, la identidad, la paternidad, el lenguaje y las contradicciones de la vida cotidiana.

Autor de más de veinte libros, Tezza construyó una carrera sólida desde la publicación de Trapo (1988), novela que lo proyectó nacionalmente. A ella siguieron títulos como Juliano Pavollini (1992), Breve espacio entre color y sombra (1998), El fotógrafo (2004), El profesor (2014), La tiranía del amor (2018) y La tensión superficial del tiempo (2020). Aunque no todos sus libros circulan ampliamente en español, su nombre ocupa un lugar destacado en el mapa de la literatura brasileña de las últimas décadas.

El mayor reconocimiento de su carrera llegó con O filho eterno (El hijo eterno), publicado en 2007. La novela, marcada por un fuerte componente autobiográfico, aborda la relación de un padre con su hijo con síndrome de Down, pero lo hace lejos del sentimentalismo fácil. El libro expone dudas, vergüenzas, fragilidades y transformaciones íntimas con una dureza poco común en la literatura brasileña reciente. La obra recibió algunos de los principales premios literarios de Brasil, entre ellos el Jabuti, el Portugal Telecom —actual Oceanos—, el Bravo!, el APCA y el Premio São Paulo de Literatura. Más tarde fue adaptada al cine y al teatro.

Además de la ficción, Tezza desarrolló una producción significativa como cronista, ensayista y estudioso de la literatura. Entre sus libros de no ficción destacan O espírito da prosa (2012), una reflexión sobre la formación de un escritor, y las recopilaciones de crónicas Um operário em férias (2013) y A máquina de caminhar (2016).

Su obra crítica y ensayística revela también a un autor atento a los mecanismos de la lengua y a las tensiones entre experiencia personal y construcción literaria.

Su trabajo más reciente es Visita ao pai (Visita al padre, 2025), publicado por Companhia das Letras. Como el propio autor lo define, se trata de una «novela de la memoria»: el libro parte de cuadernos y correspondencia dejados por su padre para investigar las relaciones entre recuerdo, identidad, escritura y herencia familiar.

Al elegir a Cristóvão Tezza como ganador del Premio Machado de Assis 2026, la Academia Brasileña de Letras reconoce una trayectoria construida a lo largo de más de cuatro décadas.

No se trata de la consagración de un solo libro, sino de una obra que ayudó a consolidar una de las voces más consistentes de la literatura en lengua portuguesa producida en el Brasil contemporáneo.

Vale recordar aquí una experiencia personal: en noviembre de 2008 entrevisté a Cristóvão Tezza para el Portal Galego da Língua. En aquel momento, el escritor acababa de conquistar los principales premios literarios de Brasil con O filho eterno y vivía el inicio de un reconocimiento que pronto cruzaría las fronteras del país. Preguntado entonces sobre la reforma ortográfica de la lengua portuguesa, respondió con una frase que conserva vigencia —traducida aquí del portugués—: «La reforma ortográfica mantiene políticamente los lazos entre los países lusófonos».

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